En directo | El Barco da Memoria recala en la ría de Ferrol Los mugardeses homenajearon ayer a una larga lista de personas represaliadas a partir de 1936, y lo hicieron recordando que «no es revancha, sino justicia»
19 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?unque el Hidria II, un viejo vapor rescatado del desguace y convertido en el Barco da Memoria, arribó ayer a media mañana en el muelle de Mugardos con un sonoro pitido, su presencia estuvo en un segundo plano durante bastante tiempo. La razón no es difícil de encontrar: Mugardos llevaba setenta años guardando a la sombra un largo pedazo de historia, la que cuentan los cuadernos de vida de al menos 88 personas del municipio que fueron represaliadas durante el franquismo, y ayer todas esas vivencias volvieron a salir a la luz. Hubo quien incluso las rescató contándolas en primera persona. Es el caso del hijo de Francisco Martínez Leira, Pancho, el que fue el último guerrillero gallego. Este hombre decía ayer que apenas guarda recuerdos de su padre, que fue asesinado un día de fin de año en la parroquia de Ombre (Pontedeume) cuando él sólo tenía cuatro años. Sin embargo, como contaba mientras el Barco da Memoria llegaba a puerto, hay un episodio que recuerda «como se fora onte»: «Nunca me esquecerei de cando a miña irmá e eu viñamos de levarlle a comida ao monte e nos chamaban os Gardas Civís... dicíannos que se lle contabamos por onde foramos nos regalaban un chisqueiro». Tampoco se olvidó de que no podía llamarle a Pancho papá, sino Titi, para que nadie supiese a quien se refería. Y, por supuesto, también recuerda el destierro de su madre, su encarcelamiento, la estancia de él y sus hermanos en el hospicio... A dos metros de él, en el mismo muelle, estaban también sus primos, los hijos de Florentino Iglesias Varela, también asesinado por el franquismo en 1949. Decía el pequeño de tres hermanos que él tampoco tiene «moitos recordos», pero que no se le ha borrado de las pupilas la imagen de su madre regresando de Ferrol, donde apareció muerto su padre, con un carro. En el caso de que ellos no hubiesen recordado, en el puerto de Mugardos, ayer muelle de la memoria, estaba Juan Anido dispuesto a echar la vista atrás. Este hombre y su mujer, de Mehá, hicieron un refugio en su casa, después de cavar varios metros, y allí escondieron a guerrilleros como Pancho y a otros escapados más. Lo sabían y tapaban todo. Lo hicieron hasta que, como contaba ayer Juan, «vimos que se acababa a Guerra Mundial e que os Aliados non viñan liberar o noso país». Luego Anido fue a la cárcel, a Valladolid, y es hoy el día que ni él ni su mujer admiten que lo suyo tuvo valor: «Só era o que había que facer, o que era de xustiza». Luego, la voz de Juan, se fundió con la que llegaba desde el Hidria II y se propagaba por el muelle. En el barco, el historiador Bernardo Máiz, el alcalde, Xosé Fernández Barcia y la delegada provincial de Cultura, Milagros Lantes, recordaron que «é hora de despertar do letargo de 70 anos, da longa noite de pedra, é hora de que se coñezan os lugares e os nomes da represión, porque hai que lembrar que só eran homes e mulleres que querían ser libres». Sus ojos miraron entonces a la nómina que se colgó en el viejo vapor donde figuran los nombres de los vecinos 88 asesinados. Y allí volvían a estar ellos: desde el barbero asesinado a los trabajadores de Bazán paseados y los al menos tres mugardeses que murieron en el campo de concentración de Mathaussen (en Alemania).