La feria también tiene su cara B

María Viñas Sanmartín
María Viñas FERROL

FERROL

Crónica | Las curiosidades de la 44 edición de FIMO Desde descapotables hasta chocolates y carritos para la tercera edad, FIMO ya no es una cita industrial al uso. Es un gran zoco

15 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Y se acaban los días de feria. Mucho calor, muchos colores y mucha música por todas las esquinas. Punta Arnela comenzó a rugir a medida que se acercaba el fin de semana. Cogió fuerza y concentró en su gran escaparate el interés, las risas y el asombro de los ferrolanos y de todos los que por allí se pasearon. Esta tarde pone el cierre. Novedades, pocas, pero muy curiosas. Nadie se va de la feria sin un bolígrafo o un lápiz del expositor, de la Universidade de la Coruña, novato este año en FIMO, como el simulador de Toyota de Fórmula 1. El videojuego recluta a los más atrevidos, atraídos por la música alta y las curvas del circuito. Los más bajitos, menos de metro y medio, no pueden probarlo. Ya lo hacen sus padres por ellos. No tiene pérdida, de colores blanco y rojo, el coche vibra en la explanada de la feria ante una gran cola que espera para «echarse su pique personal». No faltan los codazos y empujones para conseguir un pincho de queso, jamón o chorizo e incluso un chupito de licor de hierbas o crema de orujo. Tampoco podía faltar este año el ya famoso delfín con la pelota en el aire, ni los sofás de masaje donde los más perezosos se sientan a descasar. Sin duda, el expositor más visitado estos días es el de la Thermomix, donde hasta las autoridades de turno se pararon para calmar del gusanillo de media mañana, con los pasteles y bizcochos que en su improvisada cocina se preparan. Los más pequeños no dejan de sorprenderse cuando descubren que además de lentejas, el aparato puede elaborar también gominolas. Los del otro pabellón, lejos de la comida, improvisan en lo alto de sus expositores un escondido tenderete con cerveza, empanada y jamón, mientras que pequeños aparatos redondos aspiran solos el suelo del recinto. Solos también realizan su trabajo los cortacésped expuestos en el exterior, unos aparatos automáticos que almacenan en su memoria el recorrido y la manera de arreglar el jardín, pequeños robots que alivian el trabajo de sus dueños. La feria huele a barro y a cerámica, a ibéricos y a madera de muebles antiguos. Fuera hay un gran globo gigante de colores amarillos y dentro, un gran mundo de servicios y productos sin estrenar.