El monasterio de Caaveiro está hecho todo un chaval

F. Fernández FERROL

FERROL

FOTOS: JESÚS G. TABOADA

Reportaje | Primer día de la reapertura del cenobio de las Fragas Cualquiera diría que tiene mil años a sus espaldas; las obras de reconstrucción han hecho que el monumento de A Capela tenga ventanas, techos, suelos y tejado

08 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?l monasterio de Caaveiro está hecho todo un chaval. Ni por asomo se le echan los mil años que tiene en realidad. La cirugía ha tenido mucho que ver en el proceso de rejuvecimiento que ha experimentado últimamente, pero también ha sido fundamental el magnífico entorno natural que lo rodea, un auténtico pulmón vegetal que ha actuado como frontera con el populoso mundo. Ayer abrió Caaveiro y los dos años y medio que ha estado en obras se notan en sus piedras, techos, ventanas, tejados y suelos. Los trabajos no han acabado del todo, pero faltan detalles apenas visibles para los curiosos que se adentraron en las Fragas do Eume el primer día de visitas guiadas. En total, fueron 220 personas las que ayer recorrieron el cenobio de A Capela, según datos facilitados a última hora por Marcelino Abuín, gerente de la empresa Sobiga, adjudicataria del servicio de atención a los turistas. Hubo alguna sorpresa con respecto al horario en el que se puede admirar Caaveiro, pues aunque se anuncia que abre de once de la mañana a ocho de la tarde no es del todo exacto. El monasterio sólo se puede visitar participando en un recorrido guiado que parte cada hora a las medias de delante de la verja que cierra el monasterio. No se puede andar por libre porque oficialmente todavía es un recinto que está en obras. Ese método hace que si uno llega a las dos de la tarde, por ejemplo, tenga que pasar el tiempo y esperar a que den las tres y media, pues a las dos y media no hay recorrido para que el guía descanse. Si tal contrariedad ocurriera, siete rutas recorren el parque natural de arriba a abajo. La mayoría son trayectos que duran horas, pero se puede dar un paseo a lo largo de los primeros tramos de la ruta del medievo, que comunica Caaveiro con A Capela, y de la senda que discurre en dirección a la central de A Ventureira, también en el mismo municipio. Del cenobio parte un camino de pizarra que desciende hacia un puente, un molino y una fuente de agua potable. Si el paseante continúa se adentrará en la senda del medievo. Dice un cartel que este trayecto se prolonga durante 90 kilómetros desde el Mandeo, en Betanzos, hasta la sierra de A Capelada, entre Cedeira y Cariño. Sin embargo, la ruta que cruza el parque mide 4.500 metros que se pueden cubrir en unas cuatro horas. Para ver Caaveiro por dentro es preciso estar delante de la verja a las 11.30, 12.30, 13.30, 15.30, 16.30, 17.30, 18.30 y 19.30 horas. Así será todos estos días hasta el lunes 17. Una vez dentro del cenobio se olvidan las agujetas que provoca el camino cuesta arriba que hay que recorrer para tocar los muros milenarios. Marcelino Abuín hizo ayer de guía de un grupo integrado por cinco personas, dos parejas y una mujer madura, a los que explicó que Caaveiro nació como un templo consagrado al retiro y a la soledad absoluta. No en vano, fue un ermitaño el que hace mil años se fijó en la roca sobre la que se asienta el monumento. El recorrido empieza en la llamada portería, que como su nombre indica es una especie de vestíbulo del monasterio. Justo detrás se alza la iglesia de estilo románico en la que, según Abuín, se enterraron los cuerpos de algunos Andrade, y el campanario. Al fondo del conjunto se encuentran dos casitas en las que estaban repartidas las nueve celdas que estaban a disposición de los clérigos que decidían consagrarse a la oración. En uno de esos edificios, del siglo XV, se instalará el futuro centro de interpretación de la historia. Abuín cuenta también las leyendas que circulan en torno al monasterio, pero lo hace con una sonrisa descreída cuando recuerda que se dice que lo que en realidad era el almacén de víveres se usaba para torturar a los rebeldes haciendo caer sobre sus cabezas una gota de agua.