CONTRAPUNTO | O |
14 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.EL HOMBRE protagonista del último brote de racismo en la zona de Ferrol es Eliseo Monteiro, el gitano orgulloso de serlo al que el portero de un pub le cortó el paso y le dijo que eran normas de la casa, que allí no entraban gitanos. Por eso las proclamas antixenófobas que no cuestan nada reciben esta ducha de agua fría de vez en cuando. Aquí uno puede ser tolerante con un chino porque apenas existen por estos pagos. Nuestros problemas son ese 1% de Ferrolterra, el millar de gitanos con más antigüedad en la comarca que muchos de los residentes blancos . Y es en este terreno en el que hay que jugar: desgarrarse las vestiduras por las condiciones de vida de Guinea pero también por ese rosario mísero de campamentos que rodean la ciudad. La alternativa es el tesón y trabajo a largo plazo, a pesar de los pasos atrás (la bolsa de delincuencia en esta población es significativa), que estas cosas no sólo ocurren en París. Por eso es alentador ver a gente como Eliseo Monteiro, trabajador metalúrgico ejemplar y gitano. Porque su caso justifica todos los esfuerzos en educación e integración.