Vuelve la patada en la puerta

La Voz F.?F. | VILARRUBE

FERROL

FOTOS: JOSÉ PARDO

En directo | Las reacciones de los vecinos Los encargados de ejecutar la orden de Costas llegaron de noche; llamaban a la puerta y si no había nadie entraban a la fuerza; esto fue lo que más impactó a los afectados

30 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?rancisco Romero tenía una casita de campo en la que pasaba el verano con la familia, con un jardín en el que crecieron sus cuatro nietos. Ayer se quedó sin ella. Dormía en su casa de Fene cuando lo llamaron por teléfono para darle la noticia. Llegó a Vilarrube a las ocho y media de la mañana y se encontró con guardias civiles y con su jardín, sin flores y abarrotado con los muebles que alguien había sacado de su casita. «Romperon as portas, reventaron todo», decía mientras una pala destruía el cierre de la finca y los arbustos que la rodeaban. Mientras, su hijo cargaba en el coche juguetes y otras pertenencias. La empresa responsable de la demolición puso a su disposición un camión de obra en el que cargar los muebles, pero tan alto estaba el remolque que resultó misión imposible. Francisco es uno de los vecinos obligados a desmontar su vida, sus 22 años de vida, en Vilarrube. Con él llegó parte de su familia para rescatar algunos recuerdos. Unas parcelas más allá, Guillermo Blanco llenaba bolsas de plástico con sus pertenencias. A mediodía, aún no recuperado del shock que le produjo encontrar su casa a medio derruir, su voz temblaba para balbucear que no podía hablar. Hace algo más de un mes, Guillermo salió en este periódico, posando acodado sobre la barandilla del porche en compañía de su esposa. Decía entonces que hasta que no lo echasen no pensaba abandonar lo que consideraba su propiedad. Él, Francisco, y otros muchos, nunca creyeron que sus ojos verían la escena que ayer se vivió en Vilarrube. «Viñeron como os ladróns, ás sete da mañá», decía.