Crónica | La vida de los artistas Antes eran albañiles o empleados de Navantia que en su tiempo libre actuaban en una orquesta, hoy son un ejército de cinco mil profesionales de la música que recorren Galicia
09 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?o de tocar en una orquesta se ha convertido en una profesión. Lo dice Mario Canosa, precisamente uno de los pocos que todavía compaginan su labor musical con un trabajo de astillero. Pero es de los pocos que quedan. La mayoría de los que se suben al palco son hombres jóvenes («hay pocas mujeres, hacen falta más») que tal vez soñaron con liderar las listas de éxitos del pop pero acabaron acomodándose en un oficio que les permite vivir cómodamente -aunque sin lujos, la mayoría son asalariados que trabajan para un empresario- y dedicarse, eso sí, a lo que siempre les gustó, la música. Mario Canosa es cantante y guitarrista en la orquesta Marca. El viernes estuvo en Vilagarcía, regresó a su casa en Ferrolterra a las seis y media de la madrugada. Ayer actuaba en Ponferrada. Y así todo el verano, relatan él y otros compañeros. Medio millar de orquestas actúan en Galicia, lo que supone «quinientos traílers, quinientos escenarios, quinientos equipos de sonido...», dice Mario. Alaba a las comisiones de fiestas, «las mejores empresas de Galicia», dice, que trabajan con entusiasmo y sin ánimo de lucro. Son las comisiones con su dura tarea las que permiten que cinco mil profesionales (diez por orquesta, aproximadamente) tengan un medio de vida. En invierno se dedican a lo mismo, a actuar, pero menos. En Navidad, en Carnaval, en cenas baile. Y sobre todo a ensayar su nuevo repertorio. Porque estos músicos no sólo cantan. Bailan y, antes que nada, dan espectáculo. El esfuerzo vale la pena sobre todo en los meses de verano. Una orquesta de primera línea (en esto hay divisiones, como en el fútbol) puede cobrar una noche de agosto 15.000 euros.