Al hermanamiento faltaron dos de sus promotores indirectos, Cunqueiro y Torrente Ballester, dos de los vecinos más ilustres de ambas ciudades que «seguro se sentirían orgullosos», como acertó a decir un vecino. A falta ellos, Manolo Nigromante, el Merlín de Mondoñedo, hizo las veces de enlace entre uno y otro. Siguió, ataviado con su túnica de fiesta, todo el proceso de hermanamiento, que comenzó a las once y media con la firma de Luis Rego en el Libro de Ouro del Concello y prosiguió quince minutos después con una recepción a los concejales que se acercaron desde Mondoñedo al palacio municipal de la plaza de Armas. Y cuando el reloj de la torre marcaba ya el mediodía, foto de familia -hermanos, al fin y al cabo- dio paso a los actos solemnes, discursos y firma en el acta oficial que certificaba ese encuentro entre dos pueblos. Juncal entregó a Rego la llave de la ciudad, una llave maestra para una urbe, la de Ferrol, que nació amurallada. Y el mindoniense respondió con una figura que reproduce una lucha de caballos en el monte.