El viento, conejillo de indias

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CÉSAR TOIMIL

Reportaje | Los experimentos en el parque eólico de Sotavento ¿Cómo obtener más energía con los molinos? A responder a esta pregunta se dedica el centro de investigación, que trabaja también en el desarrollo de otras renovables

14 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El viento es el conejillo de indias en el parque de Sotavento, donde la sociedad del mismo nombre realiza sus experimentos para «dominar» y extraer el mayor provecho de la energía eólica y de otras fuentes de generación eléctrica alternativas. Por todo esto, es una instalación casi única en el mundo, tal como resalta su gerente, José Núñez, un economista de Ourense que trabaja a caballo entre Santiago y la sierra de A Loba (entre Xermade y Monfero). Ahora mismo, la investigación más novedosa que está desarrollando Sotavento gira en torno a los llamados cultivos energéticos. En colaboración con la Universidad de Santiago, se trata de obtener hierbas, plantas y arbustos de rápido crecimiento y con un alto poder calorífico con la finalidad de obtener electricidad por medio de la combustión. En las instalaciones del parque están plantadas un puñado de especies que estudiar su comportamiento por espacio de tres años. Si los ensayos dan como resultado un elevado rendimiento, Sotavento contribuirá a impulsar la generación de electricidad a partir de biomasa. El parque experimental ha diversificado sus investigaciones hacia otras fuentes de energías renovables, pero su razón de ser es el viento. Así, José Núñez explicó que sus principales estudios tienen como objetivo el máximo aprovechamiento de la eólica. Así, entre otros, Sotavento ha desarrollado un plan de explotación de los parques, de modo que los gestores de las instalaciones conozcan al segundo el rendimiento real de cada uno de los aerogeneradores. La finalidad es detectar dónde se pierde energía y resolver el problema para optimizar el rendimiento. Una parte fundamental de este proyecto es el perfeccionamiento del sistema que utilizan los molinos para detectar de dónde sopla el viento y orientarse por sí solos en esa dirección, de modo que no se pierda ni un soplo de aire. El centro de investigación funciona con la energía que producen los 24 aerogeneradores instalados en la sierra de A Loba. Toda la producción que no se reserva para el autoconsumo se vende a la red. Al año producen 38.500 megavatios a la hora, suficientes para atender las necesidades de 12.000 familias. Esa energía eólica ahorra la combustión de 68.000 barriles de petróleo y evita el vertido a la atmósfera de 36.000 toneladas al año de dióxido de carbono. Entre enero del 2002 y febrero del 2005, por Sotavento han pasado 45.000 visitantes. Y hay 4.000 en lista de espera hasta junio.