Crónica | Los lanzamientos mediáticos del mismo sector Cuatro años después de que el Ejecutivo popular presentase en sociedad la nueva Izar, el Gobierno socialista repite esquema y lugar para la puesta de largo de Navantia
02 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.?l escenario fue el mismo: el auditorio de la antigua sede de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). E idéntico el objeto de la reunión: la presentación de una nueva empresa naval. Entre una y otra cita mediaron cuatro años. Entonces, en diciembre del 2000, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, posaba con las manos entrelazadas, con el entonces titular de la SEPI, Pedro Ferreras, y el presidente de la compañía, surgida de la fusión de los astilleros civiles y militares, José Antonio Casanova. Como telón de fondo, las aspas de la hélice que desde entonces caracterizaron a la nueva empresa: Izar. Ayer, también con un recurso naval a las espaldas, el ministro de Economía, Pedro Solbes, y los presidentes de SEPI y Navantia, Enrique Martínez Robles y Juan Pedro Gómez Jaén, respectivamente, posaron orgullosos de la nueva criatura. Hoy, como entonces, la empresa aglutina todas las esperanzas de acabar con los números rojos que han estado asociados al sector naval público desde hace décadas, y ahora también como entonces muchos espectadores se dejaron llevar por una mezcla de expectativas y de excepticismo. A finales del 2000, Montoro calculaba que en el 2004 la empresa entraría en beneficios. Fue ese mismo año en el que entró en dique seco camino a la quiebra. El ritual de la ceremonia repitió esquema: presentación con un auditorio a rebosar, proyecciones de diapositivas con los datos de la compañía y una música impactante para bautizar la primera navegación pública de los astilleros. A Navantia también le pusieron fecha para ser rentable, un plazo que, según Martínez Robles, se conseguirá en «dos o tres años». Ayer, en los corrillos de los asistentes a la puesta de largo de la empresa, que nace tras soltar lastre y dejar atrás a las factorías civiles, se comentaba, mitad con ironía, mitad con esperanza, que no querían volver a verse en ese mismo emplazamiento, cuatro años después para bautizar de nuevo los astilleros públicos.