Una despedida agridulce

Beatriz García Couce
B. Couce FERROL

FERROL

ÓSCAR FOJO

Crónica | El último recorte de personal en los astilleros Los futuros prejubilados de Izar afirman que se marcharían más contentos si a cambio de su salida entrasen nuevos operarios

12 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?s una salida agridulce, marcada por una mezcla de sentimientos. Los trabajadores mayores de 52 años de Izar Ferrol y Fene están a punto de poner el cuentakilómetros a cero, de olvidarse del despertador, de los madrugones a los que llevan acostumbrados varias décadas. Han iniciado unas vacaciones perpetuas. Y la mayoría también afirman sentirse satisfechos, sabiéndose privilegiados, tan jóvenes y ya retirados, y además con un buen sueldo, pero al mismo tiempo embargados por una sensación de tristeza, con la incertidumbre del futuro que depara a partir de ahora a las factorías. «Por un lado me voy contento, pero por otro con tristeza por la comarca, porque se ve que se pierden puestos de trabajo y no hay paso para los jóvenes», afirma Alberto Mendiguchía Gárate, un soldador de la antigua Bazán que, después de 33 años de vida laboral en la planta ferrolana inicia una nueva etapa fuera de las blancas murallas. Dispuesto a descansar antes de «buscarme algún entretenimiento», lamenta que se haya perdido la posibilidad del relevo generacional, la entrada de aprendices en el astillero, «que siempre fue una cosa histórica de Bazán». También 33 años lleva Juan José Díaz Regueira unido a la antigua Astano. Dispuesto a dedicar más tiempo a su familia y a arreglar una casita que tiene en Xuvia, asegura que «por lo único por lo que me voy triste es por ver que aquí sólo quedan poco más de 300 personas». Al echar la vista atrás, evoca cuando, en los primeros años de la década de los 70, en el astillero de Perlío trabajaban más de 6.000 personas y miles más de compañías auxiliares. Ante la exigua plantilla que quedará en el centro espera, con cierto desasosiego, «que se apueste por esto». De sus 56 años, José Manuel Pereiro pasó 42 en la antigua Astano. «Me entró un poco de angustia en el momento que supimos que nos iban a prejubilar, pero la verdad es que llevamos tantos años peleando que casi nos lo esperábamos», afirma. Dice que únicamente «me fastidia si al final no sirve para nada, pero si ayuda a que la nueva empresa vaya a funcionar, yo encantado de venirme». Ángel Barro Mera no tiene más que palabras de agradecimiento para Izar Fene, en donde trabajó 33 años. «Mi mayor satisfacción sería que metieran a 500 chavales y que haya trabajo, para que la gente no tenga que irse de la comarca». En la misma situación que estos trabajadores se encontró hace seis años José María Cabado, entonces trabajador de Bazán y ex-concejal de IU. Hoy, integrado en la Universidad Senior, defiende la opción de las aulas como una salida de provecho para los operarios.