CONTRAPUNTO | O |
15 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.LA REAPERTURA de la sede del Fondo de Formación (FPE) de A Gándara, ese edificio singular levantado a toda máquina para acoger a los excedentes de Astano de la primera reconversión, es una buena noticia para Ferrol. Y más todavía si su gestión queda encomendada a una fundación de la patronal y los sindicatos metalúrgicos. Durante su primera etapa, el FPE había conseguido remontar la mala imagen inicial y alcanzar objetivos parangonables a otros servicios europeos de estas características. Sin embargo los programas de reconversión acabaron y el FPE fue transferido a la Xunta, con las competencias plenas en materia de formación laboral, que le puso el candado. Se han perdido años y una experiencia importante acumulada. En áreas como la de Ferrol, programas serios de recalificación profesional son importantísimos para salir de la crisis. Aunque estas políticas han sufrido el desprestigio del maná europeo: como el dinero viene de Bruselas, repartámoslo primero y luego busquemos en qué gastarlo. Al igual que en Cataluña o Madrid, surgen fundaciones por todas partes a través de las cuales se invierten estos fondos europeos en una clara huida del control administrativo. Organizan cursos asociaciones recreativas, patronales, sindicatos, municipios o cualquier colectivo, cursos tocados de un mal ya en el origen. Porque la realidad es que se crea empleo sólo para sus amigos, no para los alumnos a los que realmente va destinado el programa. Este vicio original puede tocar de muerte las políticas solidarias europeas que tanto precisa Ferrolterra. No obstante, si prima el rigor, el control, la transparencia y la evaluación de resultados por instituciones independientes, no debemos temer al descrédito y podremos reivindicar nuevos planes.