OPINIÓN | O |
06 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.DILEMA. Hasta hace dos semanas, el Protocolo de Kioto era lo máximo, el ideal hecho realidad. Un acuerdo internacional en el que los países industrializados (menos Estados Unidos) prometían reducir las emisiones contaminantes a la atmósfera para frenar de una buena vez la destrucción de la capa de ozono, que protege a los terrestres de los efectos devastadores de la radiación solar. Fantástico. Al fin, los que mandaban en este planeta habían decidido ser razonables. Pero, claro, llega la hora de aplicar el protocolo en cuestión y con él, con Kioto, llega también el auténtico dilema. ¿Está el mundo dispuesto a proteger el medio ambiente a cambio de perder puestos de trabajo? En As Pontes, no. En Meirama, tampoco. ¿Será que a ellos les toca de lleno este ser o no ser? Pues sí, efectivamente, les toca de lleno. Se anuncian catástrofes si Endesa y Fenosa son obligadas a contaminar mucho menos que ahora. Pero estas empresas, que ya contaban con Kioto, tienen la solución: que todas las industrias por igual, sean de donde sean y consuman lo que consuman (gas o carbón, mayormente), reduzcan sus emisiones. En cambio, el Gobierno, no se sabe si guiado verdaderamente por la ecología o por las presiones territoriales, ha repartido la tarta de las cuotas de emisión de un modo que resulta llamativo. En esa partición han salido muy buenamente paradas las dos grandes compañías energéticas del País Vasco y de Cataluña. Iberdrola y Gas Natural tienen cuotas de emisión de sobra. Endesa, en cambio, parece haber perdido los favores del Gobierno socialista. Y con Endesa, Galicia ha caído en desgracia. Que Zapatero recuerde que Kioto somos todos.