TRIBUNA | O |
20 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.ENERO DEL 2003. Aznar presidió en A Coruña un consejo de ministros extraordinario para aprobar el Plan Galicia, en donde se recogía el compromiso del Gobierno popular para lograr que la Unión Europea suprimiese los vetos que impiden a Izar Fene construir buques. La antigua Astano soñó entonces con recobrar la libertad pero el anterior gabinete no pasó de lanzarse la pelota con Bruselas sobre las competencias para eliminar las limitaciones. Lejos de variar su situación, el Ejecutivo socialista no sólo mantiene los vetos sino que desoye las continuas reclamaciones de carga de trabajo, porque ya supera los 16 meses sin ocupación. Brazo sobre brazo, sin tener donde clavar una punta, como tantas veces repiten los representantes de los obreros. Ni siquiera la homologación de la factoría como astillero militar ha servido para paliar su ausencia de pedidos, mientras otro gigante civil, el de Puerto Real, ubicado en la bahía de Cádiz, ultima su estreno como constructor de buques de guerra. El Gobierno insiste en que no firmará ningún contrato que no implique beneficios para la compañía y poco a poco va llevando la actividad allí donde se acaban los pedidos, pero en Perlío sigue la parálisis. ¿Es que, además de ser el único astillero de Europa al que no se le permiten construir barcos es también el primero en hacerse invisible? Lleva 18 años intentando desembarazarse de la crisis y está dispuesto a encajar una nueva reconversión pero, como mínimo, en igualdad de condiciones con el resto.