Suspiros, sonrisas y alguna lágrima

La Voz

FERROL

REPORTAJE GRÁFICO: CÉSAR TOIMIL

En directo | El lanzamiento de la F-104 «Méndez Núñez» La madrina del buque, Emilia Ripoll, no pudo contener la emoción en la botadura, un acto huérfano de autoridades que permitió olvidar por un rato la crisis naval

12 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?l son del muy taurino y patriótico pasodoble Suspiros de España recibió la flamante F-104 al público y los invitados que asistieron ayer al lanzamiento de la última creación del astillero de Ferrol. Después de meses de preocupación y malos augurios para la industria naval pública, los gestos delataban una jornada para olvidar la crisis momentáneamente y entregarse a felicitaciones y sonrisas. A bordo de uno de los coches oficiales llegó a la grada de Izar la madrina de la Méndez Núñez, Emilia Ripoll, viuda del primer militar español muerto en la guerra de Irak, Manuel Martín-Oar. Poco antes, en una comida oficial, Emilia Ripoll había transmitido su «orgullo» por amadrinar una embarcación que permitirá a la Armada española, dijo, «rejuvenecer y modernizarse». A la hora fijada para la botadura, subió a la tribuna y se deslizó entre los corrillos en los que departían oficiales de la Armada (entre ellos el almirante jefe del Estado Mayor, Sebastián Zaragoza) y algunas autoridades, que esta vez escaseaban. Entre los que sí asistieron al acto, estaba el vicepresidente de la SEPI, Federico Montero, y el presidente de Izar, Pedro Gómez Jaén. En la espera, los trabajadores departían al pie de la nave, los bomberos preparaban las mangueras para remojar el casco y el público disponía las cámaras de fotos para guardar el momento. Antes de que la botella se estrellase contra el casco del buque, en la bendición se pidieron «vientos propicios» para que la nave llegue siempre «a puerto seguro». Enseguida llegó el bautizo achampanado y la fragata comenzó a moverse hacia el agua. Al tiempo, la banda del Tercio Norte atacaba los compases del himno nacional en una versión bien calculada para terminar en el momento en que la F-104 yacía tranquila sobre la ría de Ferrol. Ovación calurosa de la mayoría, y lágrimas en la cara de la madrina, emocionada ante el desenlace del acto y, a buen seguro, por algún recuerdo furtivo.