La guerra y las mujeres

La Voz

FERROL

JOSÉ PARDO

Nombre de la sección Mugados celebra unas jornadas para dar a conocer la terrible situación a la que se enfrentan las mujeres que viven en zonas de conflicto, desde Chiapas hasta Tanzania

12 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

? veces un testimonio en primera persona vale más que mil libros para explicar algo desde la distancia. Algo así quedó claro ayer en Mugardos, donde en el marco de las jornadas sobre Igualdade de Oportunidades que organiza el Concello, Amaia Pérez-Izaguirre, una cooperante viguesa de Médicos sin Fronteras, explicó cómo era su vida diaria durante los tres años que estuvo en Tanzania y en los diez meses que pasó en Afganistán. En África, Amaia tuvo que atender a muchas refugiadas del Congo y Burundi violadas por militares o civiles, porque «dun tempo a esta parte -relató Pérez-Izaguirre- o corpo das mulleres tense convertido nun novo campo de batalla» para golpear en lo más hondo al enemigo. Y sentenció: «En calquera zona do mundo onde hai conflicto se producen violacións». Otras voces Representantes de la oenegé Intermón Oxfam trajeron ayer a Ferrol su ciclo de conferencias Una injusticia silenciada , en la que denuncian que hasta 900 millones de agricultores no pueden vivir con dignidad por los tratados de comercio internacional. De primera mano contó su experiencia la guatemalteca Marina Antonieta Domingo , quien actualmente coordina un grupo de trabajo con mujeres en el campo. La charla sirvió además para recabar apoyos en la campaña que mantiene la organización solidaria. ?migos de Carlos Pérez Serantes , que fuera el primer presidente del Liceo Rubia Barcia, se reunieron ayer noche en Caranza para dedicarle un homenaje póstumo. Fue un acto cívico para reivindicar su figura y resaltar los valores de su persona. Trabajador de Bazán, dedicó sus esfuerzos a tareas culturales como poner en marcha esta asociación cultural que lleva el nombre del insigne polígrafo mugardés, fallecido en California donde impartió clases de literatura. Roberto Casteleiro, amigo y compañero de Serantes en estas tareas, demandó también este tipo de ceremonias, diferentes de las religiosas, como una forma, al mismo tiempo, de recordar al homenajeado. Durante la ceremonia, la hija del fallecido recibó un recuerdo de la misma.