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Reportaje | Desaparecidos en las costas Francisco Javier Torres, Andrés Roca, Roberto Fernández, Luciano Caneiro... Todos perecieron en el océano. Pero hay muchos más. Los dos primeros aún están perdidos
08 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?as palabras sirven para contar historias, buenas y malas, pero no para describir sentimientos tales como la angustia, la tristeza desoladora que aún atenaza a Epifanio Torres y a su mujer tres años después de la desaparición de su hijo. Ya no hay desesperación en su voz. Sólo resignación. «Ya es inútil buscar nada después de tanto tiempo», dice Epifanio. Pero no puede evitar ir de vez de cuando a los acantilados de cabo Prior. «No nos conviene mucho ir por allí, pero yo lo hago». Epifanio Torres es el padre de Francisco Javier Torres Vázquez, el joven de 21 años que desapareció en octubre del 2001 en la costa de Ferrol. O eso se cree. «Ni siquiera estamos seguros al cien por cien de que su cuerpo esté en el mar», relata su padre. El joven desapareció de casa el día 8; en los acantilados de Prior apareció su documentación y su coche despeñado. De él, ni rastro. La familia de Francisco Javier Torres es una de las muchas que han perdido en el mar a hijos, sobrinos, primos... y que nunca han aparecido. «El mar no es una cosa matemática». Así explica lo inexplicable el responsable de Protección Civil de Valdoviño. Francisco Dopico ha participado en numerosas operaciones de búsqueda de desaparecidos en la costa. Con el mar no hay normas estrictas que valgan. Pero sí existe un protocolo básico que es el que aplican los servicios de salvamento marítimo. El protocolo Así, la búsqueda de ahogados es más intensa durante los tres o cuatro primeros días de la desaparición porque se supone que el cuerpo flota (aunque esto depende del modo en que haya muerto). Si durante ese período el cadáver no aparece, el centro de coordinación de Fisterra relaja la intensidad del rastreo para retomarlo con nuevos bríos a partir del noveno día de la desaparición. Es entonces cuando el cuerpo asciende de nuevo a la superficie del mar. Estas normas básicas deben aliarse con el buen estado del mar, con las corrientes marinas, con la dirección del viento... Factores incontrolables al fin, pero que a veces confluyen de forma sorprendente. Para Francisco Dopico esto fue lo que ocurrió este domingo con la recuperación del cuerpo de Luciano Caneiro. Este jubilado de la empresa Rialsa y aficionado a la pesca cayó al mar el 27 de octubre y exactamente once días más tarde apareció flotando justo en el mismo lugar. Algo poco habitual, más cuando la última vez que se avistó el cuerpo fue el mismo día del accidente y ya alejado de la costa. Además, explica Francisco Dopico, durante los meses del invierno se produce una corriente marina que arrastra los cuerpos hacia el norte. De hecho, los servicios de salvamento habían ampliado el ámbito de la búsqueda de Luciano Caneiro hasta el cabo de Estaca de Bares, situado a 21 millas náuticas de Pantín. Finalmente, toda la sabiduría marinera se fue al traste y el mar devolvió el cadáver de Luciano Caneiro al mismo sitio donde pereció. El padre de Francisco Javier Torres recuerda que cuando su hijo desapareció el centro de salvamento marítimo buscó el cuerpo durante un mes y medio. Como no apareció, se abandonó el rastreo. «Nos dijeron que podía aparecer en Inglaterra o en Francia, pero ahora ya ni de eso tenemos esperanza». Papeles del juzgado Epifanio Torres ya tiene los papeles del juzgado que declaran que su hijo Francisco Javier está oficialmente muerto. Pero la incógnita, la duda y la angustia no se la quitará de encima mientras no pueda enterrar su cadáver. Su mujer, la madre de Francisco Javier, sigue a tratamiento para intentar superar la tragedia. Pero aún ahora, tres años después, ella no puede ni acercarse al mar que le arrebató a su pequeño.