Un retrato de ida y vuelta

José González Collado FERROL

FERROL

Crónica | Un escritor ante los pinceles En vísperas del inicio del curso internacional de narrativa dedicado a Torrente, el pintor González Collado desgrana sus recuerdos del novelista

10 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Conocía a Gonzalo Torrente Ballester, a través de mi arte, allá por el año 1947, recién llegado de Madrid, donde estudiaba pintura. Torrente quiso un retrato suyo pintado por mí, y yo quise pintarlo. Y lo hice, y aún conservo fotos hechas durante al ejecución del cuadro. Por supuesto, el retrato era un regalo mío en reconocimiento a su talla de escritor, que yo presentía. Durante la ejecución del cuadro nos acompañaba un poeta madrileño perteneciente al grupo Juventud Creadora -algún día escribiré sobre estos poetas- llamado Jesús Juan Garcés, hombre muy apuesto y elegante, marino del Cuerpo Jurídico de la Armada, y a quien pinté un retrato con cara de personaje del Greco. Libro dedicado Terminado el cuadro, Gonzalo Torrente Ballester me obsequió con un libro recién editado llamado El golpe de estado de Guadalupe Limón , con dedicatoria personal que aún conservo. Llevé la pintura a enmarcar a una tienda de marcos, y de esta desapareció. Sé que Gonzalo nunca creyó mi explicación, y durante años noté su alejamiento. Un buen día de 1990, una de esas almas caritativas que existen, me llamó a Madrid y me anunció dónde había visto el cuadro. Raudo vine a Ferrol y lo encontré en casa de Juan el anticuario , en la escalera de su casa, en el segundo piso de frente, iluminado por una claraboya del tejado. Juan escuchó mis explicaciones, las aceptó y me devolvió la pintura. Él la había comprado entre los muebles, sables, alfombras, platas, enseres, etcétera, en casa ferrolana donde había muerto el dueño, que a su vez era el propietario de la tienda de marcos. Llamada a Salamanca Inmediatamente llamé a Salamanca, y ante la noticia Gonzalo exclamó: «¡Entonces era cierto...!». A pesar de ello quedamos en vernos en Madrid, un jueves, y él no pudo ir. Pensé que si esta persona no me creyó durante 43 años, no era merecedora de tener un cuadro mío, que había pintado con tanto cariño. Ya nunca volví a llamarlo. Conservación El cuadro está en mi poder. Fue pintado en mi estudio de la calle Alonso López, 8, 2º, un verano caluroso de 1947. Mide 1,20x80 centímetros. En lienzo, sobre bastidor de madera y al óleo. Me lo entregaron con un siete en una mano, y está para ver en mi estudio de la calle Santos, 46, de Ferrol. Tiene, ese cuadro, 57 años de edad. Ahora que «tantos» te recuerdan, Gonzalo, se olvidan que aún no hace nada te negaban el pan y la sal y consintieron que tu herencia literaria y tu biblioteca su fuera a Santiago. ¡Lástima de pueblo! Te leo con tiempo y reposo, sobre todo un pequeño libro, Cuaderno de la Romana , donde salen tus angustias, tus deseos, tu amor a la literatura, tus ansias de libertad, esa que nunca se encuentra en esta vida, y hablas de tu Ferrol -que es el mío- visto desde Herrera, el mismo que muchas tardes contemplo bajo los viejos magnolios con luz dorada de atardecer. Y allá al fondo, a través de los arsenales, veo el Seijo y a Bello Piñeiro impartiéndome su primera clase y a mis espaldas adivino Serantes, la vieja casona, frente al camino de la Feria del Dos, donde pasé una tarde contigo, con tu primera mujer y tus hijos niños aún. Siempre quise yo pintar esa casa y sus entornos, y quizás algún día lo haga en tu honor.