Pontedeume recupera su atalaya

B. Antón FERROL

FERROL

CÉSAR TOIMIL

Crónica | La cumbre del castillo de Andrade vuelve a ser accesible LO QUE DICE EL ARQUITECTO Tras décadas de aislamiento y solitaria espera, el mirador situado en lo alto del baluarte de Nogueirosa ya se puede alcanzar; 112 escalones han obrado el milagro

18 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?n lo más alto del castillo de Andadre no resulta difícil imaginarse por qué Fernández Pérez O Bo, hace ya más de quinientos años, decidió que aquel era el mejor lugar para levantar su atalaya. Desde la central de Meirama hasta Ferrol, el ojo es capaz de dominarlo todo en la cumbre de la fortaleza: a lo lejos A Coruña, más cerca Sada y la ría de Betanzos, el imponente monte Breamo de frente, a su derecha la desembocadura del Eume, difuminada la playa de Seselle y algo más escondida Ferrol y su ría. La postal panorámica resulta tan perfecta que sobrecoge. «La vista es espectacular», dice con una sonrisa Celestino Regueiro, concejal de Urbanismo, sin desviar su mirada clavada en el horizonte. Es martes por la mañana y la frase que acaba de soltar Regueiro jamás hubiera sido posible si la Xunta, hace ya diez meses, no hubiese tomado la decisión de desembolsar 24.000 euros para construir las escaleras que hoy hacen posible alcanzar la cima del castillo. Las obras concluyeron a mediados de julio y el Concello, desde hace sólo dos días, tiene las llaves de la fortaleza en su poder. Así que la pregunta es obligada. ¿Cuándo abrirá sus puertas a las visitas públicas? Regueiro se apresura a responder: «El viernes de esta misma semana celebraremos una comisión de gobierno para decidir la fecha exacta, pero será muy pronto», dice tranquilizador. El edil habla mientras avanza en la subida. Las escaleras están dividas en dos tramos: uno exterior y otro interior. El primero asciende desde el patio del castillo hasta el primer piso de la torre medieval a través de una estructura vertical de 58 escalones. El segundo tramo, con 38 peldaños, lleva al visitante del primer piso de la torre al tercero. Desde allí sólo hay que subir otros 16 escalones -éstos ya existentes, de piedra y mucho más empinados- para alcanzar la terraza que corona la cima. Allí arriba, a 22 metros de altura sobre la base del castillo, una barandilla retranqueada hacia dentro marca los límites hasta los que se puede asomar el visitante. Y también allí está el premio final al esfuerzo de la subida: «¡Una vista espectacular!», repite una vez más Celestino Regueiro.