Cosas que no cuestan nada

M. PIÑEIRO

FERROL

OPINIÓN | O |

18 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

MARCELINO ES ya el héroe del verano. Ningún otro gallego ha donado nunca tanta sangre como este ferrolano que un día, hace 22 años y casi de casualidad, se hizo esa pregunta para la que muchos no tenemos respuesta: ¿Y por qué no? Una cuestión casi de perogrullo que ha motivado, en mi caso, que nunca me haya decidido a dar algo que no cuesta nada, o casi nada. Ese mismo ¿por qué no? me ha asaltado en otras ocasiones, cuando las imágenes de televisión te lanzan a la cara la desgracia ajena. Y te conmueves. Y piensas. Seguro que con un euro al día harías rico a un pobre desgraciado de Sudán o ayudarías a reconstruir la chabola que hace las veces de hogar de familias sumidas en la pobreza. Pero, claro, de pronto te ves inmersa en un desesperante atasco de tráfico en el centro de Ferrol y te olvidas de todo lo que no sea el cogote del torpe conductor que provoca el caos. Cuando sales del infierno, te topas con un jefe preocupado por la producción, por la supreproducción; y luego a tu novio, al que no le gusta que lleves las uñas pintadas... Disculpas. Haberlas hailas. Pero Marcelino ha hecho que vuelva a reflexionar -¡Horror!- y a pensar que pocas cosas cuestan tan poco como ayudar a los demás. Como sea. Marcelino encontró la suya en la donación de sangre. ¿Y yo? Pues quien sabe. Tal vez algún día cumpla esos viejos sueños infantiles de convertirme en cooperante en un país bien pobre. Cuanto más mejor. Aunque, claro, pensándolo bien, tal vez haga un apaño, y, algún día me decida a prescindir de ese euro diario, del que seguro otros harán mejor uso que yo.