El alcalde de las compensaciones

FRANCISCO CAAMAÑO GONZÁLEZ | 1919-2004 FRANCISCO VARELA

FERROL

20 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL QUE FUERA penúltimo alcalde de Ferrol del pasado régimen, Francisco Caamaño González, pasará a la historia como el primer regidor que pidió «compensaciones» para la ciudad. En reiteradas entrevistas con el Ministro del Interior, entonces Martín Villa, le expuso que con la cantidad de exenciones tributarias locales (Bazán, la Armada...) la municipalidad no podía funcionar. Don Francisco, como le conocía todo el mundo, accedió a la presidencia de la Corporación el 25 de abril de 1977 y permaneció en el cargo hasta pocos meses antes de la entrega de poderes al primer alcalde de la democracia, Jaime Quintanilla. Alegando razones de salud, dejó el puesto en manos de Julio Pisos, un empresario de ideas socialistas que fue realmente quien entregó el bastón de mando del cambio de régimen. Caamaño González, que nació en Muros en 1919, falleció a las diez de la mañana de ayer, en su domicilio particular. En su dilatada vida, aunque militar, es conocido por sus actividades civiles. Como oficial de Intendencia de la Armada tuvo destinos en Cádiz, Cartagena, Madrid para recalar definitivamente en Ferrol. Fue vicepresidente del Celta de Vigo, a finales de los 40, y también presidente del Rácing de Ferrol en los 50. En los primeros 70, ocupó también la presidencia de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Ferrol, que se fusionaría con otras cajas para crear Caixa Galicia, de la que ocupó también una vicepresidencia. Es padre del ex conselleiro de la Xunta, Juan Caamaño, y de la presidenta de la Asociación de Lucha contra el Cáncer de Ferrol, Isabel Caamaño, casada con Antonio Gómez, ex director de la Feria de Muestras. Tuvo seis hijos, si bien la mayor, Lola, falleció recientemente. La familia subraya la profunda religiosidad del ex alcalde, hasta el punto de que en los últimos años, con serios problemas en la vista, sólo leía la Biblia o textos católicos. Era de misa diaria y como tal ferviente católico ocupó también cargos como presidente de un consejo de la diócesis, en la adoración nocturna y también terciario franciscano. Como marino llegó a Ferrol donde contrajo matrimonio y ese fue el motivo de su ligazón a la ciudad, aunque quiso ser enterrado en el panteón familiar de Muros, donde hoy recibirá sepultura. Como regidor le tocó lidiar con un ayuntamiento sin apenas recursos económicos, cuyo presupuesto se lo llevaba, en gran parte, la nómina y así lo explicaba en sus ruedas de prensa de los sábados. Como intendente que era, no le daban las cuentas y por ello acudía a Madrid en busca de más recursos, transferencias de los Presupuestos Generales del Estado que tampoco daban para mucho en aquellos años de inflación y transición política. Este fue el ayuntamiento que entregó a Pisos y que éste dejó a la primera corporación democrática. Tras dejar la alcaldía nunca ocupó nuevos cargos. Se retiró a su vida privada y tampoco asistió a acto alguno.