La radiografía de la historia

Francisco Varela FERROL

FERROL

?a restauración democrática se vivió en los ayuntamientos y no en el Congreso de los Diputados. Y en Ferrol, la conquista de las libertades tuvo un gran carácter simbólico: el primer alcalde del nuevo régimen, Jaime Quintanilla, era hijo del fusilado en 1936 y parte de los ediles de izquierda poco menos que pasaron de la cárcel franquista a ocupar escaños en el salón de plenos. Pero a los pocos meses de tomar posesión sobrevino el desencanto. A pesar del gran voluntarismo de cargos públicos como Santiago Bellón, que ocupó la vacante del cura obrero Vicente Couce (que marchó a participar en la revolución sandinista), las arcas estaban vacías. Hoy es difícil de entender que los novicios ediles de 1979 se levantasen a las seis para hacer su tarea municipal y acudir luego a su trabajo. No había plena dedicación en los cargos. Así hacían Bellón, el delegado de Hacienda, José Cabado, o los ediles centristas como Antonio Romero, a quienes Quintanilla concedió también responsabilidades de gobierno. El municipio de 1979 contaba con 500 millones de pesetas de presupuesto y el 76% se lo llevaba el capítulo 1º (personal). Si añadimos la carga financiera y los gastos corrientes, ni para tapar baches (reales, no presupuestarios) quedaba. Hoy, el presupuesto se ha multiplicado por diez y se destina a la nómina sólo el 40%. Por eso, quizás hoy estallemos en risas al leer que Quintanilla y Miramontes (tándem de la alianza de socialistas y comunistas) presentaban como un gran logro, mediado el mandato: haber conseguido comprar dos camiones compactadores para el servicio de limpieza. Desde entonces ha llovido y el mejor ejemplo de ello es la sucesión de alcaldes (siete), ránking que pocas ciudades de España pueden mejorar . ¿Donde están los males? Quizás, la política de alianzas, fuese de izquierda o de derecha, ha lastrado la gestión como en el pentapartido italiano que degeneró en la tangentópolis . Cada partido del pacto tiene sus áreas intocables: imposible conseguir un trasvase presupuestario. Eso, que puede ser bueno en una etapa, se ha convertido en un cáncer. Hoy las políticas locales son de transversalidad y las ciudades que tienen éxito basan su acción de gobierno en la interconexión de áreas o concejalías. Demasiados compartimentos en una urbe estratificada como Ferrol atan la acción de gobierno hasta la parálisis. El resultado es la inacción.