TRIBUNA | O |
16 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.A ESTAS ALTURAS de nuestra, todavía, frágil democracia, nadie puede negar a los trabajadores el derecho a la reivindicación y a la huelga, cuando sea necesario llegar a ella. Pero todo tiene un límite. Me estoy refiriendo a la huelga de médicos que se está llevando a cabo desde el día doce del presente mes, y que, aparte de otras reivindicaciones, lleva la de la mejora de la sanidad en su conjunto, que va o debe ir, desde la contratación de personal a todas luces insuficiente, reducción de las listas de espera y la humanización de la atención sanitaria. Todo ello muy loable por los justo y solidario que resulta. Pero, lo que ya no lo es tanto, son algunas acciones que se están produciendo, al menos en el Arquitecto Marcide, donde se dan casos en los que los pacientes a los que una vez preparados para ser intervenidos quirúrgicamente, en lugar de ir al quirófano se les envía a sus domicilios, alegando que los cirujanos están en huelga. Y los cirujanos como trabajadores que son, también tienen derecho a la huelga ¡Pero cuidado! No es lo mismo que un operario deje de hacer tornillos en tal o cual fábrica, a que un cirujano deje de operar. En el caso del operario lo más grave que puede ocurrir es que se pare la producción. Mientras que en el del cirujano, lo que se puede paralizar es el corazón de un ser humano. Podrá alegarse que los casos más graves se atienden. Pero el daño psicológico del que no lo es también cuenta. Y es que, no siempre el fin justifica los medios. En este caso erróneos.