CARRETERA Y MANTA | O |
01 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.CIENTOS de vecinos de Neda dieron su apoyo explícito a las reivindicaciones de los padres de alumnos del colegio San Isidro cuando emprendieron una campaña de recogida de firmas para reclamar el rebacheo de la calle de acceso al centro escolar. Este respaldo fortalecía una petición que en realidad nunca debió haber sido necesario, ya que no es de recibo que una empresa destroce una calle para construir un bloque de viviendas y después mire a otro lado a la hora de cumplir con los arreglos. El Concello, mientras, insistía para conseguir la reparación de, digámoslo así, daños colaterales ocurridos con la construcción de la autopista, pero nadie observó el mismo interés por resolver este otro caso, quizá de menores dimensiones pero que en el fondo responde a una situación similar. Pasaron meses, y los padres optaron por una solución drástica: armados de masilla y palas, se dispusieron ellos mismos a tapar baches. La iniciativa fue recibida con estupefacción en el Ayuntamiento, que inició un procedimiento sancionador ante unos trabajos efectuados en la vía pública sin autorización. Es muy probable que el Concello lleve razón en este punto. Pero, ¿y la empresa constructora? ¿Acaso tenía autorización para dejar la calle hecha unos zorros durante meses? ¿Habrá expediente urbanístico también para ella? Al final (tremenda casualidad), la firma que levantó el edificio envió operarios a ejecutar el arreglo justo el día siguiente a la acción emprendida por los padres. Curiosa situación que sienta un precedente perverso. Por ejemplo, ya que Fomento no sabe/no contesta sobre el proyecto definitivo del AVE, un grupo de vecinos podría empezar hoy a colocar traviesas. Así, a lo mejor mañana empiezan a construir las vías.