CARRETERA Y MANTA | O |
01 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.DENUNCIAN las pacientes -nunca mejor dicho- de la sanidad pública que las listas de espera en ginecología son tan salvajes que, cuando toca ir al médico, el niño igual está a punto de licenciarse. Ahora mismo, una mujer que pide cita para una revisión periódica queda emplazada para finales del año 2005, esto es, tiene un plazo de espera de unos veinte meses. Puede parecer lo contrario, pero el servicio de salud funciona así pensando en la comodidad del ciudadano de a pie. Así, el día que esta mujer vaya a ver al especialista, lo hará a bordo del AVE Fene-Ferrol. En el camino, llamará con el móvil de cuarta generación a su marido, empleado de Izar, que tendrá trabajo asegurado durante los próximos treinta años. Una vez en el hospital, podrá entretener la espera final viendo la octava parte de Indiana Jones, y la llamarán a la consulta con una descarga al microchip que, como todo hijo de vecino, tendrá implantado en el cerebelo. A menos, claro, que su tumor se haya extendido demasiado.