Crónica | Casi 400 palomas mensajeras sobrevolarán la ruta a Santiago Dentro de pocas horas partirá de O Cebreiro un grupo de peregrinos de lo más inusual; visten plumas, vuelan en vez de andar y no necesitan mapas para orientarse
26 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?l Año Santo no distingue razas ni sexos ni culturas... Y parece que ahora ni siquiera especies. Por raro que pueda parecer, un grupo de palomas mensajeras saldrán mañana en peregrinación del alto de O Cebreiro para sobrevolar parte de la ruta santa que lleva a Santiago -o tal vez toda, eso todavía está por ver-y finalizar su travesía aérea en Narón, donde está su hogar. El mérito de tan original expedición hay que dárselo al Grupo Colombófilo Pombas Mensaxeiras de Narón, que ha apostado por el más difícil todavía con la organización de este peculiar peregrinaje animal. Difícil, explica Francisco Quintía Cagiao, miembro de la asociación, porque el reto no es sólo que las aves consigan regresar a su palomar desde las remotas montañas de la Serra do Courel, sino que, además, parte de su trayecto discurra por la ruta santa, sobrevolando Compostela antes de llegar a Narón. Los dueños de los pájaros ya han hecho sueltas los dos últimos fines de semana en Melide y Santiago -para grabar así estos lugares en la memoria de las aves-, pero Cagiao no se atreve a asegurar que su instinto de orientación les lleve a pasar por ambos sitios antes de llegar a su destino. «Normalmente -explica el colombófilo- optan por el camino más corto». Sea cual sea la ruta elegida, el espectáculo será digno de ver. En medio de la inmensidad de O Cebrerio, entre 350 y 400 palomas mensajeras serán liberadas para emprender el vuelo de regreso a casa. «¿Qué cuanto tardarán en alcanzar Narón? -exclama Francisco Quintía-. Pues suelen volar a una velocidad de entre 70 y 80 kilómetros por hora, así que en dos horas y media podrían estar de vuelta». ¿Pero qué es que lo que hace que estos animales sepan llegar a casa estén donde estén? Quintía también tiene respuesta para esta pregunta. Cuenta que el cerebro de las palomas mensajeras está dotado de una especie de brújula natural que les ayuda a tomar el rumbo acertado, aunque las aves nunca saben cuánto tiempo tardarán en llegar a su destino. Mañana no todas volverán al palomar. «Muchas de ellas nunca regresan porque son atacadas por halcones peregrinos o por azores y algunas otras se pierden por razones desconocidas», explica Francisco Quintía. A este aficionado se le abren mucho los ojos y se le asoma una sonrisa a los labios cuando habla de las cualidades de las palomas. «Tan valiosas son -expica entusiasmado- que si hay un conflicto bélico, quedan requisadas por el Ejército». Por el momento, a sus palomas no las esperan las armas. Sólo las montañas de O Cebrerio.