El carnaval de Ferrol brilla de nuevo

FERROL

JOSÉ PARDO

En directo | Noche de antroido Miles de máscaras llenaron las calles de la ciudad durante una jornada en la que la comisión de fiestas consiguió recuperar el carácter más popular de las fiestas del antroido

24 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?a saben que entre las muchas anécdotas -no todas exactamente literarias- que se cuentan de Borges, está la de que dio una conferencia, ante un auditorio abarrotado por el público, mientras su país disputaba una final del campeonato del mundo de fútbol. Y viene esto a cuento, aunque no lo parezca -lo de recordar a Borges-, porque si el escritor argentino reunió a cientos de personas mientras se disputaba la final del mundial, el antroido ferrolano congregó a miles mientras las televisiones retransmitían... la Champions League. Hasta el propio concejal de Cultura, José Manuel Couce Fraguela -máximo responsable, al fin y al cabo, de la comisión de fiestas-, se mostraba sorprendido por la multitud que congregó el día grande del carnaval de Ferrol, que ayer volvió a brillar de nuevo. «E non vou dicir que o organizásemos sen un peso -bromeaba el edil, aludiendo a los recortes prespuestarios- porque iso tampouco é certo. Pero, dende logo, moitos pesos si que non tiñamos....». El presupuesto, finalmente, fue de 26.000 euros, un 15% menos que el pasado año. La boda Había ayer, por las calles de Ferrol, desde vampiros hasta folclóricas. Desde prelados hasta generales. Desde personajes de dibujos animados hasta brujas con gorro de cucurucho. Y sobre todo -eso aquí es otra tradición más- muchos buzos azules con careta. Pero junto a ellos, una de las grandes atracciones de la noche fue, sin duda, la boda por antonomasia, que despertó gritos de «¡Vivan los novios!» allá por cuanto rincón pasaban los que se disfrazaron pensando en ella. Sí que hacía frío -mucho- en Ferrol; pero con frío y todo, la de ayer fue una noche muy hermosa. El antroido gallego de siempre, ese carnaval que no nació pensando en ser visto, sino sobre todo en ser vivido, volvió a tomar la ciudad en la que quizás fue la fiesta de más humilde presupuesto de los últimos años. «Lástima de non ter aquí unha careta», decía más de uno, viendo cómo la alegría -que tanta falta hace- se contagiaba por las calles cuando los comercios ya estaban cerrados y era imposible ya comprar ninguna. ¡Pues tenía razón...! Desde luego que sí.