Los empresarios destacan como causa los 2.200 despidos indirectos provocados por la crisis de Izar Fene Restaurantes y bares se llevan la peor parte en el drama que causa el astillero parado
24 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?a caída en la ocupación en la antigua Astano, con la pérdida de más de 2.200 puestos de trabajo en las empresas auxiliares, el espectacular incremento del precio de algunos productos de primera necesidad y los redondeos del euro son las principales causas de una crisis económica que ha tenido repercusiones en todos los sectores empresariales de la ciudad. Sin embargo, no ha afectado por igual a cada uno de ellos. Los comerciantes estiman que terminaron el año con unas ventas entre un 15 y un 20% inferiores a las del ejercicio anterior. «Nosotros veníamos notando desde marzo un bajón acusado, aunque cuando más se notó fue a finales del año», explicó Víctor Izaguirre, presidente del Centro Comercial Abierto A Magadalena, que reúne a los profesionales del casco histórico. Sin embargo, la campaña de regalos de Reyes y el inicio de la temporada de rebajas ha devuelto la alegría al sector, al experimentar un repunte en las ventas. Izaguirre reconoce que la percepción de la crisis se ha extendido a los profesionales de todos los gremios, y es objeto de comentario cotidiano. «La falta de trabajo que padecemos en el sector naval se nota mucho y eso hace que la gente compre las cosas necesarias, pero hay muchas otras que tienen que esperar», afirmó. Restauración Si bien en los establecimientos comerciales el 2003 se cerró con pérdidas de entre un 15 y un 20%, los dueños de bares y restaurantes percibieron de forma más tajante el azote de la crisis. Luisa Barro, gerente de la Asociación de Hostelería de Ferrol y Comarca, aseguró que las pérdidas en este sector rondaron el 40%. «Fue un año muy malo y si lo notaron los comerciantes, mucho más la hostelería. Cuando hay crisis, la gente pasa sin el café y la juerga», aseveró. Luisa Barro considera que a la recesión económica que padece la ciudad hay que sumar un cambio de hábitos entre los ferrolanos, que han dejado de visitar los bares al mediodía y se retiran más temprano que antes. «Muchos días a las ocho y media de la tarde no ves a nadie por el centro. Nos hemos vuelto más europeos», asegura.