El «Prestige» que trajo la AP-9

M. Cheda FERROL

FERROL

ARCHIVO DE LA VOZ

Crónica | La madrugada en que todo empezó a cambiar A raíz del 13-N, el Gobierno aprobó invertir 12.450 millones en Galicia; la autopista de entrada a la ciudad también es fruto de una medida compensatoria, en este caso por el desastre del «Discoverer»

16 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Como reacción a la tragedia del 13-N, la provocada por el buque Prestige , el Gobierno aprobó hace once meses la mayor inversión en la historia de la comunidad autónoma, el Plan Galicia: 12.450 millones de euros para líneas ferroviarias de AVE, incentivos empresariales, reducciones de la fiscalidad... El tramo inaugurado ayer también es fruto de una medida compensatoria. Hoy simplemente no existiría, no al menos en su configuración actual, si la plataforma petrolífera Discoverer Enterprise no hubiese destrozado el puente de As Pías. Navegando a la deriva e impulsada por vientos huracanados, en la madrugada del 12 al 13 de enero de 1998, la gigantesca nave (254 metros de eslora por 28 de manga) impactó contra el viaducto, lo destruyó casi por completo, provocó un colapso de las comunicaciones que se prolongó durante dos meses y evidenció que la ciudad necesitaba ya una entrada alternativa, urgía. Hasta aquel momento, el Ejecutivo central no había pensado jamás en prolongar la autopista del Atlántico hasta el centro de Ferrol. Sí había decidido, no obstante, que construiría un vial de alta capacidad para falicitar los tráficos de ingreso y salida, nada más. Por otra parte, la ejecución del proyecto se venía demorando sin aparente justificación desde diciembre del año 1991. Pero la catástrofe del Discoverer provocó un giro radical en el estado de la cuestión. Sólo tres días después de acaecer el accidente, el Consejo de Ministros autorizó un acuerdo que establecía la inclusión de la futura carretera entre Fene y Ferrol dentro del trazado mismo de la AP-9, como parte integrante de éste. Dicho de otra forma: dispuso que el nuevo acceso al casco urbano fuese una autopista de verdad, como el trayecto Vigo-A Coruña, por ejemplo. «Tendrá la consideración de exento de peaje en su utilización por los usuarios», se puede leer en el punto cuarto del escrito sancionado aquel día por el Gobierno. Al margen de documentos, el Ejecutivo se comprometió a agilizar las obras. De hecho, cuando el titular de Fomento, Rafael Arias Salgado, visitó la ciudad en marzo siguiente, garantizó que los trabajos concluirían durante el 2000. La promesa cayó en saco roto, es obvio. La ciudad despertó el 13 de enero del 98 completamente sola y aislada, huérfana de conexiones, que son la base del progreso, la vertebración, el desarrollo; hoy lo hace unida al resto de Europa. En el origen de ambos amaneceres se encuentra aquella plataforma, tan maldita, tan bendita.