CONTRAPUNTO | O |
05 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.ES PROBABLE que fuese intencionado el hacer coincidir el congreso de la memoria histórica de Narón con la conmemoración de la Constitución. Mientras en Ferrol se celebraba el acto institucional, en El Alto, historiadores y viejos resistentes revindicaban la legendaria lucha de los antifranquistas por la conquista de las libertades. Son dos caras de la misma moneda pero es cierto que han tenido que pasar 25 años para que se lleve a cabo el memorial. La Constitución fue fruto del consenso mezclado con un poco de olvido, que no fue tal. Era un aplazamiento al recuerdo que la propia carta magna permite ahora restaurar. No se entenderían los valores de los que habló Rodríguez-Arana en el salón de plenos de Ferrol si en Narón no se colocasen las cosas en su sitio. Pocas ciudades se entregaron con mayor arrojo a la conquista de las libertades como Ferrol. A pesar de ello, las libertades formales no consiguieron resolver todos los problemas: ahí está el 18% de desempleo. ¿De qué sirve la libertad si no tenemos pan? Pero también es cierto que el pan sin libertad a poco sabe. Por ello es tan importante afirmar los valores democráticos incluso ante el parado. Porque el pacto constitucional también se hizo con un marcado carácter solidario. Y si no se desarrollan estos aspectos materiales de la cultura liberal es que se merman parte de los artículos de la norma de normas. El consenso tiene una vertiente económica. Integrar la conmemoración constitucional en el calendario como si se tratase de Las Pepitas es un arma de doble filo. La fiesta democrática es polisémica, territorio común para mirar el pasado y el porvenir. Nunca un fraude a la memoria ni tampoco una estatua de sal. Incluso el que hace cola en el Inem debe mirar de reojo la ley de leyes.