EN EL BALUARTE | O |
25 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL FANTASMA número uno de los jóvenes lleva cadenas más fuertes que los de las películas. Se llama paro y cuando tiene la oportunidad te amarra sin piedad al negro pozo de la desilusión. Últimamente su sombra me acecha, como fantasma que es, con casos cercanos, de ésos que duelen como en carne propia. Y por eso una -aunque ahora tenga lo de las habichuelas resuelto- se pone a pensar. ¿De qué vale pasarse cuatro años estudiando una carrera, conseguir un expediente de sobresalientes y hasta alguna matrícula de honor, irse de baby siter al extranjero para aprender inglés, hacer un postgrado y asistir a cientos de conferencias y seminarios? ¿De qué vale esto cuando después de todo ese esfuerzo te pasas meses en el paro? ¿De qué vale si, cansada de aguardar en las listas del Inem, renuncias a tu vocación -por que de algo hay que vivir- y te pones a trabajar en una gran nave industrial, haciendo algo que ni por asomo se acerca a eso para lo que te preparaste? Es sólo un ejemplo, un caso de alguien cercano, un pequeño retazo de una realidad en la que abundan retales similares. «Todo el mundo está igual» es la frase reina para quien busque consuelo. Pero no sirve para nada. El fantasma número uno es el paro, pero también el trabajo en precario. Por eso hay que aplaudir cuantos planes haya para que los desempleados se puedan formar y cuenten con oportunidades para entrar en el mercado laboral. El Concello lo va a intentar con el plan Solidaria, pero habrá de extremar la vigilancia. Habrá que velar por que los beneficiados no hagan el trabajo sucio de otros por tres chavos, ni sirvan para ahorrar gastos ni se dediquen a poner café en las prácticas... Solidaria debe ser más. 4.800 almas -las abonadas al paro en Ferrol- lo necesitan.