TRIBUNA | O |
18 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL VERBO desafectar está muy de actualidad en nuestra ciudad. Y además se le da una connotación positiva a dicha palabreja, que utilizamos cuando nos referimos a los bienes sobre los que deja de tener interés el Ministerio de Defensa, porque presuponemos que van a volver a ser nuestros. Tal vez de ahí que el término nos guste, pero no se confundan... La palabra desafectar no viene a señalar otra cosa que no sentir estima por una cosa o mostrar hacia ella indiferencia. Fíjense: Des afectar es como decir que a mí ya no me afecta. Y así es. A Defensa ya no le afecta lo que le pueda ocurrir a los que hasta hace poco eran sus bienes. Bueno, siguen siéndolo -suyos- mientras no cambien de titularidad, pero están desafectados. Y desafectados están también para el resto. Vamos, que como que están un poco en tierra de nadie. Y así le llegarán al próximo propietario, que esperamos sea el pueblo de Ferrol. Desafectados o, lo que es lo mismo, sin estima, y destrozados. Porque si se fijan, todo aquello que se desafecta, al cabo de unos meses está despiezado, destrozado, destajado, desvestido, desvencijado. Vamos, en un lamentable y calamitoso estado. Y ahí está el ya abandonado Sánchez de Aguilera, que tiene aún buena presencia, a pesar de los dos o tres conatos de incendio que han tenido lugar en su entorno en los últimos días. ¿Cuánto le durarán los cristales en su sitio...? ¿Y las puertas..? ¿Y el tejado...? ¿Y las paredes blancas...? El desafecto hacia lo que nos ha afectado tanto a lo largo de los últimos años es increíble. Si se dan una vuelta por el lugar, verán cómo está aquello. Es la selva.