¡Qué pena!

FERROL

TRIBUNA | O |

27 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ME GUSTABA que me dejasen ir a jugar al Cantón cuando era pequeño, había un ambiente delicioso. Los jardines estaban cuidados, en los estanques había peces, las fuentes echaban agua. Y qué me dicen de la cafetería Oasis. ¿La recuerdan con su terraza, siempre al fresquito bajo la sombra de los árboles? Por no hablar de la alameda, con su parte dedicada a las terrazas y a las cafeterías que fueron todo un símbolo -como el Beirut-, que se iban numerando con la terminacion del año de inauguración, o la lujosa y espectacular Patersson, con todas sus luces y lámparas en la esquina con la calle del Olvido, hoy Manuel de Cal, que está más olvidada que nunca a pesar de no llevar ya el nombre. Y los helados de la Ibense... ¿Recuerdan aquellos cucuruchos dobles? La gente abarrotaba la zona. Se estaba francamente bien. ¿Por qué nos hemos cargado algo tan vivo? Ayer, asomado a la ventana de la redacción pensaba: ¡qué pena, como se ha perdido todo aquello! La hoy ínfima zona de terrazas (nada que ver con la de antaño) ha quedado minimizada y su aspecto es cutre. Se echa también de menos el aroma de freudiría de la antigua churrería de la Bola de Oro, junto al viejo palco de música, que daba mucho más ambiente y vida a la alameda. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Qué Cantón el de entonces y qué pena da el de hoy en día! No sé si es que me estoy haciendo mayor, pero créanme, me invade una cierta nostalgia al recordar lo que fue y ver lo que hoy es el Cantón Ferrolano. A quien corresponda hacer algo, que se pare un instante, tome nota y observe el despropósito. Estamos a tiempo de corregirlo y devolver luz a este espacio que forma parte de la vida de muchos ferrolanos.