LA GÁRGOLA | O |
18 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.FERROLTERRA es como es. Aquí se ha demostrado ya en mil ocasiones capacidad para renovar, para imaginar, para reconstruir e, incluso, para sobrevivir. Lo peor ha pasado. Pero todavía hay que hilar fino en muchos telares. El turismo es un buen botón para ofrecer como muestra. La comarca se emborracha en su propia belleza, en sus mil rincones y en sus diez mil reclamos. El visitante más exigente puede saciar aquí todas sus inquietudes. Pero, en el fondo, somos carentes en la abundancia. Falta empuje, iniciativa, frescor y colaboración para repuntar, también, en esta materia. Sería fácil decir que no se está trabajando, que no se está haciendo nada de nada. También sería falso. Ya ha arrancado una filosofía que parece haber calado entre políticos, empresarios y ciudadanos. Es necesario transformar el necio divide y vencerás. Y, menos mal, que muchos se han dado cuenta ya de ello. Pero faltan los frutos. Poco se percibe, todavía, de esa comunión de esfuerzos. Fundaciones turísticas, programas Proder, patrimonios de la humanidad... Son, por el momento, sólo palabras. Cuando todo eso se transforme en hechos palpables, volarán las felicitaciones y las palmadas en el hombro. Y es que tan sólo falta eso. A Ferrolterra le sobran vestidos de gala y joyas patrimoniales, gastronómicas y naturales para lucir. Pero hace falta que alguien la saque a danzar. Somos abundantes, pero aún muy desconocidos. Somos ricos, pero da la impresión de que no lo sabemos. Por ahí afuera, seguro, estarán ansiosos por echarnos un vistazo en cuanto sepan de nosotros. Pero hay que gritar que estamos aquí para que se enteren.