Crónica | ¿Qué fue de los viejos teatros?
22 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?ueno, no les voy a decir en cuál fue... Pongamos que en otro local que ahora tampoco existe. Aún no se habían apagado todas las luces. Estaban, todavía, unas lámparas de pared que se parecían mucho a las de emergencia. Y ni siquiera había empezado la película. Era durante los «avances». (Entonces a aquello le llamaban avances , ahora no sé.) La rata entró lentamente. Y aunque ustedes no lo crean, se sentó. No en una butaca, claro, era lo que le faltaba, pero sí en el suelo. Junto a unos pies que no eran los míos. Pude haber dicho algo. Por ejemplo: -¡Coidado, coidado, ti...! Y el grito podría haber estado destinado, al mismo tiempo, al roedor y al que tenía al lado, que también era de Sillobre, como yo, y que como yo venía al cine en el Capela, pero que salió de genio más fácil, y de pies más duros. (De aquella se llevaban las botas de montañismo, que les ponían ese apellido, «de montañismo», por ponerles algo, y que ahora tampoco sé cómo les llaman.) Pero, pobre bicho. El roedo, digo. Era una rata vieja. Casi venerable. Se diría que humana. Tal vez era el alma de un difunto, transfigurada, que había renunciado a llegar a San Andrés. Que había optado por el cine. Por aquel cine que también fue una vez, creo recordar, o así lo pensé, un teatro... Me callé. No dije nada. Cabíamos todos. Aquellas salas de cortinas de terciopelo eran muy grandes.