CONTRAPUNTO | O |
10 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.POCO SE HA avanzado en la ciencia política desde Nicolás Maquiavelo. Aconsejaba al príncipe ser cruel en la batalla (¡Ay de los vencidos!, decía Julio César) para luego ser magnánimo en la paz. Por eso no acabo de entender que la cuestión de la deuda municipal de Ferrol siga siendo arma de guerra cuando la contienda (electoral) ya ha terminado. Sólo se puede entender que los nuevos gobernantes de la ciudad continúen con fuego de mortero contra los derrotados por miedo a que surjan francotiradores como en Irak. Hay que seguir batiendo el territorio enemigo mientras no se tenga pan y circo para el pueblo. Es decir, obra hecha que presentar como ejecuciones propias. Por eso, castigar a los ferrolanos sin fiestas -otra vez- puede volverse contra el arquero que lanza la flecha. La falta de medios económicos de la administración local de Ferrol es endémica. Cuando la primera corporación democrática tomó posesión de sus cargos también se acercaba el verano y, entonces sí, no había dinero ni para pagar la nómina. El interventor que ejercía en la corporación acabó en Arrecife de Lanzarote, cuando aquello era todavía un poco de África, por una extraña operación con la que habilitar fondos para el sueldo de los empleados municipales. Incluso entonces se hicieron unas pequeñas fiestas gracias a que algunos concejales, con Santiago Bellón a la cabeza, salieron a la calle a pedir dinero. Se impone un acuerdo de las fuerzas políticas para consensuar soluciones, que las hay. Porque los ferrolanos, tradicionalmente, en las locales, entregan el poder fraccionado; no se les debe reñir: su mandato es una orden de consenso. Salvo que alguien mantenga que siguen los comicios. Se olvida de que esto no es una mesa de naipes, es el Concello.