LA EXPERIENCIA DE ROSA ALVARIÑO (NARÓN)
08 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?osa Alvariño irradia felicidad. Mahmud ha vuelto a casa por segundo verano consecutivo. Y a ella se le escapa la alegría en cada gesto y en cada palabra que utiliza para contar su experiencia con este niño saharaui de doce años. Cuenta Rosa que todo empezó el año pasado, cuando un familiar le habló del programa Vacaciones en Paz. Ella no se lo pensó dos veces y se apuntó. Y nunca se ha arrepentido de la decisión. Mahmud se ha convertido en un miembro más de la familia de Manuel y Rosa, un matrimonio de Narón que, ahora, en vez de dos hijos -Bruno, de diez años, y Paula, de 19- tienen tres. Apenas chapurrera el español, pero cuatro palabras bien dichas en alto bastan para confirmar que él siente lo mismo. «¿Que qué es lo que más me gusta de España? Pues Rosi, Manuel, Bruno y Paula», exclama Mahmud con una sonrisa. Pero no es lo único. También le pirran los plátanos, las patatas, los huevos fritos, ir a la playa y, por supuesto, jugar en la plaza con Bruno. Mientras Mahmud revolotea en torno a ella, Rosa enumera una por una todas sus cualidades: «Es un niño tan cariñoso y tan bueno que se hace querer». Bruno y Mahmud se dan la mano. «Para mí es como un hermano», dice el hijo de Rosa como dando una explicación. «Y para mí -interviene ella- como un hijo más; lo que tiene el mío se lo doy a él y si hay que reñirle pues se le riñe». Mahmud se irá en septiembre, pero Rosa se aferra a un sueño: volar a Tinduf para reencontrarse con él en invierno.