Rivera se estrena en minoría con un brindis por el diálogo

FERROL

Crónica | Pleno de investidura en Fene El líder del Bloque, de nuevo regidor, asume el mandato sin acuerdo de gobierno pero augura que «haberá máis momentos para o entendemento que para a discrepancia»

14 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«Emocionado e ilusionado, moitas gracias do voso alcalde...». Por un instante dio la impresión de que se le quebraría la voz a Xosé María Rivera Arnoso al concluir su discurso de investidura como regidor de Fene. Pero las tablas son las tablas -24 años con el bastón de mando- y rápidamente se incorporó y saludó uno por uno a los otros 16 concejales de la nueva corporación fenesa. Sus palabras de agradecimiento cerraron un acto oficial de trámite escrupulosamente ceñido al guión previsto: la elección del alcalde fue apoyada por una mayoría simple (los siete ediles nacionalistas); la otra candidata a la alcaldía, Purificación Rodríguez Rico, recibió también el insuficiente apoyo de los suyos. Los socialistas se abstuvieron en la votación a mano alzada. Antes, la liturgia de rigor: promesa o juramento del cargo de los concejales, uno a uno -aquí sí hubo mayoría absoluta para la primera fórmula-; compromiso de «guardar y hacer guardar» la Constitución... Los momentos Fue, en fin, una sesión rápida y previsible, pero tuvo sus momentos. Sobre todo, el discurso de Rivera Arnoso, regidor al borde de las bodas de plata, en el que recordó capítulos pasados, como las distintas modalidades de gobierno -minoría, pacto tripartito, mayoría- que ha manejado, o el «momento crítico» de la reconversión industrial, superado ahora y con «síntomas de recuperación». Pero también apeló al futuro, y aquí propuso un brindis por el buen entendimiento con el PSOE, augurando que «haberá máis momentos para a coincidencia que para a discrepancia». Luego enumeró los consabidos retos de gobierno y adquirió tono grave: «Imos deixarnos a pel para cumprilos». Ovación, apretones de manos, corrillos relajados y humo de tabaco: trabajo hecho, nuevo -el mismo- alcalde y, por delante, cuatro años para transformar en hechos las buenas palabras.