Ocho horas sin hacer nada

Eva Díaz FERROL

FERROL

Crónica | La situación de la empresa Italtel Treinta y tres empleados de una fábrica de As Pontes madrugan cada día, pero como no tienen carga de trabajo, se pasan las ocho horas sin hacer absolutamente nada

12 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?a sede de Italtel (fábrica de componentes electrónicos para móviles) es un edificio del polígono de Penapurreira, en As Pontes, moderno y depurado por fuera y todo pulcritud por dentro. Es nuevo, inaugurado en enero del 2001, pero además ha tenido muy poco desgaste. Cuentan sus 33 empleados -llevan la voz cantante del relato los tres delegados sindicales- que los primeros seis meses realizaron encargos cedidos por otras factorías del mismo grupo empresarial. Después ya no aparecieron más clientes. Llevan, por tanto, año y medio sin hacer nada. Entran a las siete de la mañana, se ponen la bata blanca y pasean, charlan, se sientan, se levantan otra vez... Todo lo más, ojean el periódico o leen un libro. Las normas internas prohíben otros modos de matar el tiempo, como una partida de cartas, por ejemplo. En la gran nave, las máquinas están paradas, los ordenadores apagados, hay un silencio inusual en un centro de trabajo. Los tres delegados sindicales -quieren ser citados así, sin nombres propios- recuerdan que la fábrica costó 7,2 millones de euros, de los que la mitad procedía de subvenciones públicas y el resto, de Telecom Italia. La empresa trató de capear la inactividad con una regulación de empleo de seis meses. Es decir, toda la plantilla se fue al paro entre septiembre del 2002 y marzo de este año. Pero en abril volvieron a sus puestos. Siguieron cobrando sus salarios de entre seiscientos y novecientos euros, pero continúan inactivos. «Alguien puede pensar que es una suerte, pero esto te hace mucho daño psicológico. Llegas aquí por la mañana y piensas en qué vas a emplear todas las horas que tienes por delante», dice uno de los delegados. Casi todos los empleados son jóvenes y de As Pontes. Algunos, como Sonia, dejaron otro puesto -ella trabajaba en una tienda de fotografía- por venirse a Italtel. «Esto es un cachondeo», asegura. También es pesimista Yolanda, que encontró en la empresa su primer empleo y ahora tiene la certeza de su futuro: «Me voy otra vez para casa», augura. Y así, todos. Incluso María Salgado, jefa de personal de Italtel, se solidariza desde su despacho en Barcelona y asegura que los directivos hacen lo posible por conseguir nuevos encargos.