«La pobreza es un problema que crece, aunque no queramos verlo»

FERROL

CARMEN VALIÑO

?l Concello de Ferrol, coincidiendo con la festividad de San Julián, acaba de premiar su labor. Una labor que no busca precisamente reconocimientos, sino tratar de paliar una situación a la que, a menudo, se le da la espalda. -Quizás porque vivimos muy rápido, y nos cuesta ponernos a pensar en los demás. Eso es lo que menos hacemos ahora, en el siglo XXI, ponernos en el lugar de los otros. Y en eso influye la sociedad en la que vivimos. -¿Cómo es esa sociedad? -La que hoy nos toca vivir es demasiado hedonista, sólo busca el placer. A veces somos excesivamente materialistas, consumistas. De todas formas, tampoco quiero generalizar, porque también hay personas solidarias que luchan por valores como la libertad y el desarrollo. Pero no son los más. -¿Y cuál es la tendencia?, ¿va a más, a menos...? -Lo que hoy veo es que la mayoría está muy pendiente de su bienestar, de su enriquecimiento. Pero quiero pensar que va a haber un cambio, que la sociedad en su conjunto se va a volver más sensible hacia los problemas de los que carecen de casi todo. -Dignidad trabaja básicamente en la zona de Ferrolterra. ¿Cómo están las cosas?, ¿con qué situaciones se encuentran? -Nuestra asociación trabaja fundamentalmente en áreas urbanas, donde no existe esa red de solidaridad casi espontánea que aún se mantiene en el mundo rural. En las ciudades, por desgracia, se perdió eso de que si ves mal a tu vecino le lleves el caldo. -Y entonces... -Nosotros nos encontramos con situaciones absolutamente dramáticas. Y debido a muy diferentes causas, entre las que no sólo están las relacionadas con la economía, con el dinero. Hay otras muchas formas de marginación. -¿Cuáles son, en este momento, las más graves? -La droga y el alcohol, por ejemplo, llevan a situaciones muy complicadas. Las familias se desestructuran, se pierden trabajos estables, y se acaba entrando ya en una zona de exclusión social. Además, ¿cómo lo explicaría?, esto es igual que un tren, en el que estamos todos. Y si te caes, como circula a tanta velocidad, es difícil recuperarse. Hay un revés de la vida, que nos puede venir a cualquiera, como por ejemplo una enfermedad que te deja anclado, y todo se derrumba a tu alrededor. La red se deshace totalmente. -Ustedes tienen programas como el «comedor sobre ruedas», que lleva alimentos a domicilio a quien no los recibe por otros medios. ¿Aquí hay gente que pasa hambre? -Que pase hambre, creo que no. Pero que tenga sin cubrir buena parte de las necesidades básicas, mucha. Es que el tema no está sólo en comer cualquier cosa, porque hay entidades como las parroquias, o la Cruz Roja, que también distribuyen alimentos. Yo hablo de algo diferente, de que alguien se puede ver en su casa impedido, y en determinadas circunstancias no tiene quién le ayude. Ese es nuestro verdadero objetivo, auxiliar a las personas que se encuentran solas. La probreza tiene muchas caras, y una de ellas es la carencia de afecto. No sólo se trata de que te lleven un plato caliente, sino compañía. Que te pregunten cómo estás, cómo pasaste la noche. Vivimos de una manera que hace que cada vez escuchemos menos, y eso lo vemos en las personas con las que trabajamos, que también quieren recibir atención, poder contar cómo han llegado a la situación en la que se encuentran. -¿La pobreza, tal y como nosotros la entendemos, está cambiando? -Sí, la de hoy es otro tipo de pobreza. La típica imagen del mendigo que pide una moneda por las calles, hoy en día ya casi no... -Sigue habiendo mendigos. -Sí, pero tienen una asistencia que antes no había. Y habría que ver que, desgraciadamente, algunas de esas personas no quieren cambiar de forma de vida. Pero también hay que respetar su libertad. En cualquier caso, no se puede excluir a nadie. Sabemos que hay gente a la que le llevamos comida y después la vende. Pero, ¿y qué? Nosotros no vamos a establecer jerarquías entre quienes necesitan ayuda. -¿Qué espacios no atiende la asistencia pública? -El emocional, sobre todo. La Administración no puede dar afecto. Tiene que repartir los recursos económicos, que es su papel. Y debemos ser los propios ciudadanos quienes cubramos ese vacío. -¿Qué pasa con los inmigrantes, qué les espera? -¡Huy, eso es todo un mundo! Cada uno tiene su cultura. No puedes seguir el mismo camino para atender a un rumano que a un marroquí, porque tienen necesidades distintas. Y tampoco es lo mismo si vienen ellos solos que si llegan a Galicia con sus familias. Los niños tienen que ser siempre prioritarios, porque son los más indefensos entre los desfavorecidos. La inmigración plantea ahora nuevos retos. Pero también hay que reconocer que la Administración va siendo más flexible. De todas formas, en general la pobreza es un problema que crece, aunque a veces no queramos verlo.