En los últimos tres años, 26 africanos llegaron a Ferrol ocultos en las bodegas de distintos buques. Una vez descubiertos, deben regresar sin llegar a tocar tierra europea
11 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Muchos ferrolanos se habrán familiarizado esta semana con el nombre de Modu Jarra, un polizón que embarcó en un carguero en Senegal y acabó pasando dos días atracado en el puerto de Ferrol. Jarra era un caso especial, pues ya vivió en España entre 1987 y 1992, tiempo que aprovechó para cometer variados delitos, que le valieron veinte detenciones, según averiguaron agentes de la comisaría de policía de Ferrol. Pero, antecedentes aparte, Jarra no hizo sino seguir el camino de otros tres hombres en lo que va de año, y de 26 en los tres últimos ejercicios: colarse en buque en África e intentar llegar a lo que para ellos es el paraíso. La mayor parte embarcó secretamente en Costa de Mafil, Senegal o Camerún, los puertos donde arranca la ruta de la madera tropical. Cada barco carga unas 7.500 toneladas, según los cálculos de la consignataria, la compañía Vasco Navarra. La mercancía se va descargando sucesivamente en Sagunto, Vilagarcía, Ferrol (aquí el principal cliente es Maderas del Noroeste) y Pasajes, para después retornar a África. El periplo dura tres meses. Los polizones lo tienen cada vez más difícil, porque muchos cargueros van equipados hasta con generadores de humo, según relató un estibador. Pese a todo, unos pocos encuentran un escondrijo en el que sobreviven hasta que los estibadores empiezan a descargar y los descubren. Los polizones ven muy poco mundo. La consignataria recuerda que la ley prohíbe que toquen tierra, pero a bordo están bien cuidados. El capitán está obligado a devolverlos sanos y salvos a su casa.