Es una de las mejores surfistas europeas. Estudia Sociología. Le gusta leer y escuchar música. Y esté donde esté, hasta con los ojos cerrados, siempre ve el mar.
05 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Tiene 18 años años. «Pero ya voy a cumplir 19», matiza ella. No entiende que haya quien se empeña en destruir dunas y en cambiar el color del viento. Eso sí, sonríe siempre. Cree que el futuro no está escrito, y que en la vida hay que medir bien los pasos, pero sin dejar de caminar ni un momento. -El surf, tras ser en Galicia un deporte poco menos que desconocido, va camino de convertirse en un espectáculo de masas. ¿Cómo lo han logrado? -Creo que eso se debe, en buena parte, al Pantín Classic. En él es donde la gente se ha dado cuenta de lo espectacular que es este deporte. Y, a partir de ahí, el incremento del número de aficionados también ha hecho que aumenten los surfistas. -¿Usted lo calificaría de deporte de riesgo? -Depende de cómo y dónde lo practiques. Es como si haces rafting -ríe Cristina-. No es igual descender con una embarcación por el Miño, que por un torrente de Pakistán que baja de una las cordilleras más altas del mundo. -¿Y sigue habiendo, en el surf, esa visión de la naturaleza que tanto tenía que ver con la conciencia ecológica, o ya no? -Sí, esa idea se mantiene. Una buena prueba de eso es lo que hace la gente de la Sourfrider Foundation, que limpia las playas, haga sol o llueva, de forma completamente desinteresada, y que por cierto no encuenta, en la práctica, demasiado apoyo. Una cosa es que todo el mundo diga que está bien lo que hacen, y otra muy distinta ayudarles a limpiar. -¿Qué se siente en las olas? -Una inmensa sensación de libertad. -¿Y cómo se aficionó usted a caminar sobre ellas? -Pues es algo que me viene desde que era pequeñita. Como mi padre ya practicaba el surf, yo lo veía en la playa, y a partir de ahí... -¿Qué distingue a su deporte de cualquier otro? -La imprevisibilidad. En el surf, tú nunca eres dueño de las circunstancias que te rodean. -¿En qué se diferencia su vida de la de la mayoría de las jóvenes de su edad? -¡Hombre...! Yo casi no salgo ni a a tomar un café. Y mis amigas se quejan de eso, dicen que no les hago caso. -¿Cree que la sociedad, en general, tiene una imagen distorsionada de la gente de su generación? -No sé... Si te refieres a un fenómeno como el del botellón, por ejemplo, y aunque yo no comparta esa forma de divertirme, lo que hay que dejar claro es que la verdad siempre tiene dos caras. Hay muchos jóvenes que apenas tienen dinero, y que además están hartos de que les den garrafón. Y así, por lo menos, saben qué es lo que beben... Creo que las cosas nunca son tan simples como nos cuentan. Pasa con todo. -¿Qué es lo que más le atrae de la Sociología? -Que te enseña que todo el mundo tiene algo que decir. Aprendes a escuchar. -¿Qué es el miedo? -¿Si sé qué es el miedo...? Lo que sé, lo que yo creo, es que al mar, como a la vida, jamás hay que perderle el respeto.