Este capitán ferrolano descarta que la «Álvaro de Bazán» participe en una ofensiva militar contra Irak. Del buque resalta sus modernos sistemas de combate y antiaéreo.
20 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Érase una vez un sueño cumplido, érase ayer, érase Juan Rodríguez Garat. Este hombre es desde hace unas horas el comandante de la fragata europea más moderna, como un niño con zapatos nuevos, novísimos. -¿Cómo se siente ahora? -Desde el punto de vista profesional, esto es la culminación de un sueño, un broche a todo lo que he estado haciendo durante los últimos 22 años, desde que salí de la Escuela Naval. -Para mandar este barco, aun con todo su «background», ha tenido que formarse específicamente, ¿no? -Dado que el sistema de combate es muy moderno, diferente a todos los anteriores, buena parte de la dotación hemos tenido que ir a Estados Unidos para asistir a cursos técnicos de entre dos meses y un año y medio. Las calificaciones obtenidas por la mayoría de nosotros han superado incluso a las de los alumnos americanos. -Hoy estrena mando, se supone que con el deseo de no ejercerlo en combate... -Sí, claro. Pero debemos tener en cuenta que la Guerra Fría pasó ya hace tiempo y que la situación ha cambiado mucho. Hoy, los países occidentales emplean sus buques no tanto como elementos de ataque, sino como herramientas de política exterior, para gestionar todo tipo de crisis, para ayuda humanitaria... Así llevan operando nuestros barcos desde hace años en el Adriático, en el Pérsico, en el Índico, allá donde exista una necesidad. -Imagine, sin embargo, un escenario de guerra. ¿Qué aporta de nuevo esta F-101? -Es el primer buque de combate de la Armada diseñado para los escenarios posteriores a la Guerra Fría, donde la amenaza submarina ya ha perdido relevancia. En cambio, hoy la necesidad de operar cerca de tierra es creciente, lo cual nos obliga a ponernos dentro del alcance de las aviaciones enemigas. Precisamente, lo que nos aporta de nuevo esta fragata es una enorme capacidad de defensa antiaérea y antimisil. -¿Algún día participará en el escudo antimisiles? -Para desarrollar ese escudo, la Marina norteamericana toma como base de partida los buques Aegis. Quiere desarrollar una capacidad de defensa antimisil balístico, una capacidad que hoy no existe. En cuanto estuviese realmente operativa, lo único que haría falta para incorporarse a ella sería una decisión política por ambas partes. -La fragata huele a nuevo. ¿Qué hay ahora por delante hasta que pierda ese aroma? -Un año muy duro para ponernos a andar. Tendremos que pasar un mes y medio rellenando el barco (armas, víveres...), luego vendrán los adiestramientos, más tarde una evaluación exhaustiva para determinar que todo funciona bien y, finalmente, realizaremos un lanzamiento de misiles el próximo verano. Desde entonces ya podrán asignarnos cualquier misión. -Es decir, en el hipotético caso de que España participase en una ofensiva contra Irak, la F-101 no lo haría, ¿o sí? -Discutir situaciones hipotéticas es difícil. Pero, incluso en ese caso, el barco no estaría operativo; nos queda un año para lograrlo. Sin embargo, si hubiera necesidad, es indudable que podría acelerarse todo. -¿Por cuántas fragatas de las viejas vale esta nueva? -Es aventurar palabras. Sí es cierto que estos barcos pueden realizar misiones que las Baleares no podrían. En cuestiones antiaéreas, por ejemplo, una F-100 vale lo que muchas Baleares, son otra generación.