Naturaleza en estado puro. Eso es lo que ofrecen al visitante las riberas del Belelle, un río de aguas mansas, cubierto de un espeso manto de árboles, que fluye por tierras de A Capela, Neda y Fene. Además de una extensa y atractiva ruta de molinos antiguos -entre los que destaca, por su tamaño, el de As Galladas-, el turista no puede dejar de visitar la central eléctrica de A Fervenza, donde el agua se despeña formando una espectacular cascada. Pero el río ofrece otros muchos atractivos, como un puente medieval y una granja infantil donde los más pequeños pueden aprender a hacer el pan y observar cómo una gallina pone huevos. Sin olvidar, tampoco, el puente medieval que todavía se alza sobre sus aguas o los manjares que sirve O Chiruiguito do Belle a pocos metros de su orilla, o Casa Ana, algo más lejos. La naturaleza, en estado puro, se ocupa del resto.