Los ojos de la esperanza

JACQUELINE VÉREZ SAN SADURNIÑO

FERROL

JOSÉ PARDO

Una niña ciega de San Sadurniño progresa en sus estudios con transcripciones de su madre Un tumor cerebral ha puesto un velo a la mirada de Silvia, una niña de diez años que ha perdido prácticamente toda la visión. Sin embargo, eso no le ha impedido destacar como una de las alumnas más aventajadas de su clase. En esto, ha tenido mucho que ver su familia, que, además de aprender braille le traducen libros a su nuevo idioma. La ONCE y el colegio integrado de San Sadurniño han puesto el resto. Y de qué modo.

06 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La mochila de Silvia Ferreiro López está repleta de libros. Sin embargo, son obras especiales, adaptadas a ella. Esta niña estudia en el colegio integrado de San Sadurniño y, entre sus múltiples sueños, está el de convertirse en periodista. Además de ser una buena estudiante, siente pasión por la música y el teatro. En las clases potencia el poco grado de visión que aún conserva para asignaturas como las matemáticas o la música ya que, en éstas, el braille le resulta excesivamente complejo. Para ver los números y las notas musicales dispone de una telelupa que le ha concedido la ONCE y también de una máquina de escribir especial y una impresora de braille. Todo el profesorado se ha volcado, desde el principio, con la niña, y han logrado que alcance un nivel muy alto de rendimiento. Detectar la enfermedad Al poco tiempo de nacer se le desarrolló un tumor cerebral específico ¿conocido como carneofaringioma¿ que le dañó gravemente el nervio óptico. Sin embargo, y debido a la dificultad para detectar estas dolencias en los primeros meses de vida, su diagnóstico no se produjo hasta que tenía dos años. Ya no había nada que hacer por la vista. Sólo quedaba extipar el tumor y valorar cuáles habían sido los daños. A partir de ahí, cambió la vida de Fernando y Susana, sus padres, que debieron hacer frente a una situación inesperada. Se le extrajo, en su mayor parte, la zona maligna y a partir de ahí comenzó una nueva vida, limitada por una ceguera total en el ojo izquierdo y una visión aproximada del 15% en el derecho. Su madre, Susana López, es para Silvia una «amiga», como dice la niña. «Toda la familia ¿indica la madre¿ ha aprendido braille . Parece muy complicado pero no lo es. En un par de días se aprende a escribir». Ya son varios los textos que le ha transcrito y que complementan a los que le aporta la ONCE. Sin duda, la entrega de esta familia es un caso a imitar.