La clave, un club en calma

La Voz

FERROL

Lejos de algún que otro marcador ajustado o de más de un favor arbitral, la superioridad del Atlético de Madrid durante la primera vuelta es incuestionable. Es el equipo más goleador (35) y sólo el Oviedo (13) ha encajado menos goles (15). Pero ni esa trayectoria ni el colchón de doce puntos sobre el cuarto clasificado han alimentado la euforia en el seno de la plantilla rojiblanca. Tampoco el visceral Jesús Gil se ha dejado embarcar por sus acostumbradas baladronadas. Mérito, sin duda, de la sensatez de Luis Aragonés. El técnico se ha tomado su primera experiencia en Segunda División como un reto personal. Ni un momento de respiro y prohibida la euforia. De hecho, algún jugador ya ha probado como se las gasta el Sabio de Hortaleza: Colsa, internacional sub-21, fue sustituido apenas comenzado uno de los primeros partidos de Liga tras no hacer caso a las indicaciones de Luis; también el aparentemente intocable Mono Burgos ha probado la vehemencia del técnico cuando se ha recreado en su conocida habilidad con el balón en los pies. El veterano entrenador tampoco ha sucumbido a la presión de unos medios de comunicación que se decantan claramente por Dani en el once inicial. Al portugués le queda el papel de revulsivo ofensivo, pero también se ha adaptado sin rechistar a las necesidades del equipo, al actuar en banda. El entorno ya es otra cosa. Para los medios de comunicación madrileños el ascenso es un hecho y, al parecer, el despacho de Futre -secretario técnico del club- está repleto de informes y ofrecimientos de jugadores con vistas al 2003, el año del centenario atlético.