RÍO DE LA SARDINA
21 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando la desventura se acerca a un club le entra por cualquier lado y por la vía del murmullo llega a los aficionados más comprometidos, que hacen más preguntas que respuestas de todo lo que está pasando. El Racing, por la suspensión imprevista del partido con el Albacete, ha vivido unos días de cierto embarazo administrativo: por un lado los puntos no llegan con la facilidad esperada, y por otro, se estaba jugando sobre un campo de minas que la lluvia hizo saltar por los aires. El panorama se presentaba difícil y, como casi siempre, el chivo espiatorio elegido por la ira popular es el entrenador. Una racha así es capaz de arruinar la carrera del más pintado. La directiva, atenta a lo que pasaba, tomó la iniciativa y, como sigue confiando en él, reforzó la plantilla con jugadores de contrastada identidad, y que no llegan exprimidos como se dijo. Luis César los sacó a jugar en El Molinón, y el resultado supuso una buena noticia para los seguidores verdes. Algunos viajaron y vieron un choque en el que se volvió a cruzar la mala suerte, pues se pudieron traer los tres puntos. La incorporación de Razov fue llegar y besar el santo: marcó un golazo y el preludio de repetir la jugada. También Darmon estuvo bien: buscó la solución individual en su trabajo, ayudó a poblar el mediocampo y presionó por todos los rincones. Con el empate ha vuelto la sonrisa al equipo y a sus seguidores, que tenían abierto un debate sobre los últimos acontecimientos que rodean al club. Los que fueron a Asturias vinieron convencidos de que las nuevas incorporaciones se harán notar si el escenario lo permite. Y como todos han pasado por Gijón con nota, Luis César con su leal saber y su carácter refractario a las modas, sigue vertebrando un equipo que rinda beneficios, alejado de que en sus partidos ocurra de todo y empeñado en que los que salgan necesitan jugar bien para ganar.