La lluvia deslució los actos de celebración del día más tétrico del año en las calles del casco viejo de Cedeira Los niños que acudieron ayer al día grande del «Samaín» en Cedeira se quedaron con las ganas de participar en el tradicional paseo de fantasmas. La lluvia, que deslució buena parte de los actos organizados durante la tarde en el casco viejo de la localidad, lo impidió. De todas formas, la participación de los más pequeños en el concurso de calabazas convertidas en calaveras fue, como cada año, de lo más numerosa. El jurado tuvo difícil el reparto de premios para las construcciones más grandes, más pequeñas y más terroríficas.
04 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.«Cada un que desfile para a súa casa que, como dixo Fermín, xa acabou o Samaín». Esta es la frase que cada año se repite al concluir los actos de la fiesta de difuntos en Cedeira. Ayer, pocos eran los que la cantaban, pues el tétrico pero atractivo desfile de calabazas no llegó a celebrarse. De todas formas, y a pesar de la lluvia, las actividades celebradas durante la tarde tuvieron una gran aceptación por parte de los vecinos, sobre todo de los más pequeños. La carpa ubicada en la zona del río aguardaba a que, hacia las diez de la noche, comenzara la preparación de la queimada, acción que estuvo acompañada por la actuación del grupo musical Zinza. Dibujos de los más pequeños Durante todo el día, la villa se vistió de numerosos dibujos que, realizados por los más pequeños en un taller de pintura que comenzó el pasado día 23, ilustraban cada esquina con instantáneas que recuerdan las tradiciones celtas. Las comidas fueron también las habituales, y al reparto de las castañas y los dulces también acudieron numerosos vecinos, en su mayor parte jóvenes que quisieron empaparse de los orígenes de la actual celebración del Día de Difuntos.