FÚTBOL / RACING
04 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Pocos entrenadores conocen mejor que Radomir Antic al Atlético de Madrid. El técnico yugoslavo accedió a dirigir al equipo colchonero gratis en Segunda a cambio de mantener su contrato en caso de regresar a Primera. Pero Jesús Gil buscó un pretexto para deshacerse del entrenador que llevó al Pupas al doblete. No veía química. Con las condiciones que le imponía al actual preparador del Oviedo podía haberlo destituido ahora sin pagarle un duro, como ya hizo con Fernando Zambrano. Pese al desplante del presidente, Antic sigue con el corazón rojiblanco y ha visto sus cinco partidos. A partir de ellos y su experiencia en el Manzanares, analiza al próximo rival del Racing. La pelea no es suficiente La apuesta para Segunda no está dando resultados y no por culpa de Zambrano. Un club como el Atleti debe tener autoridad en su idea de fútbol. La pelea y la lucha no son suficientes. Hace falta más. Esos son los ingredientes de equipos con pocos recursos. La renovación hecha, deshaciéndose de talentos como Juninho o Valerón y fichando a jóvenes con perfil de Segunda, ha desencantado a la afición porque en cualquier Liga siempre es mejor jugar con buenos futbolistas. Muchas dudas Si el Barcelona está pagando las consecuencias de no tener un estilo claro y cambiar de sistemas, cómo no lo va a hacer el Atlético. Cuando no tienes personalidad varías el patrón cada cinco minutos. Las pruebas se hacen en la pretemporada, para ajustar el estilo del campeonato. Sin bandas y con ansiedad El Atlético no sabe profundizar por las bandas. Entrando por el centro las oportunidades son escasas y crecen las dudas. La ausencia de Salva La sanción de Salva es una gran noticia para el Racing. Su baja debilita al Atlético. Su sustituto no será tan peligroso. Kiko está actuando como enlace con la delantera, pero pelea contra sí mismo. Ganas y esfuerzo le sobran, pero no puede hacer todo. El ambiente del Calderón El principal peligro para el Racing no estará en el terreno de juego, sino en la grada. Aunque los aficionados no ganen los partidos, la presión ambiental de actuar ante cuarenta mil espectadores puede pesar sobre el joven equipo ferrolano, poco acostumbrado a estas circunstancias.