Richard Ford recomendaba en 1832 hacer por mar el viaje desde A Coruña, dado el mal estado de la comunicación terrestre con la ciudad De los viajeros ingleses que visitaron Ferrol durante el siglo XIX al menos dos dejaron referencias escritas de sus impresiones y de las tantas veces relaciones tumultuosas de España con el Reino Unido. En el el otoño del año 1832 viaja por Galicia Richard Ford, que en un libro de viajes que se convertirá pronto en un clásico, describe la ciudad y sus alrededores. Hace una mención especial al fallido ataque de la flota inglesa de agosto de 1800. El más conocido de nuestros visitantes, sin embargo, es George Borrow, Jorgito el Inglés, que en su célebre «The Bible in Spain» nos dejó sus recuerdos sobre lo que vio en una debastada ciudad.
29 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Richard Ford, curiosamente, hace referencia en su obra a dos temas que todavía hoy están de rabiosa actualidad. Habla de las comunicaciones de Ferrol con A Coruña y recomienda la vía marítima, en contra del ferrocarril que sólo llegaba a Betanzos. Porque hasta el año 1912 no concluiría la obra del tramo Betanzos Ferrol. Actualmente, como bien saben los habitantes de la zona, tampoco es el mejor corredor ferroviario del mundo. Nuestro viajero hace el itinerario hasta Ferrol en diligencia. Pero aconseja a quienes vuelvan tras sus pasos que realicen el recorrido «por medio de un vapor, un camino más corto y agradable». Se refería a la vía marítima, según dice en su libro Hand-book for travellers in Spain. Desde O Seixo También por mar cruza desde O Seixo hasta Ferrol. Dice que desde la banda sur de la ría, «en bote, se puede alcanzar Ferrol en unos quince minutos». En el otoño del año 1832 entra en Galicia, «habitada _dice Richard Ford_ por gente dura, independiente y difícil de dominar». Pero el viajero británico más famoso es el vendedor de biblias George Borrow, que se lamenta en 1837 del estado de la ciudad en que se encuentra. «Apenas entré en Ferrol _escribe el comerciante inglés_ se apoderó de mi alma la tristeza... ya no pululan en el Arsenal aquellos millares de carpitenros de ribera que construían las largas fragatas y los tremendos navíos de tres puentes, destruidos casi todos en Trafalgar». Es, consecuentemente, el paisaje tras la derrota en una base naval tan importante como la ferrolana. Pero Jorgito también alaba, sin paliativos, el Arsenal, que compara con los de Rusia o Inglaterra, «pero que en la grandeza del plan y la suntuosidad de su ejecución, no puede ni por un momento compararse con estos maravillosos monumentos». Como se puede observar en el legado escrito, las relaciones entre las Marinas de los dos países dejaron huella en los viajeros.