«¿No es para estar orgullosos?»

REDACCIÓN FERROL

FERROL

ASPA

La comida de homenaje a Tojeiro organizada en As Pontes se convirtió en una exaltación de las gentes del municipio Roberto Tojeiro Díaz quiere a su pueblo. Ama sus costumbres, lleva siempre en el corazón a sus gentes y, ahora que se ha convertido en un empresario de éxito, asegura que no abandonará nunca la villa que le vio nacer y crecer. La comida de homenaje al industrial organizada por una comisión ciudadana reunió ayer en As Pontes a más de medio millar de amigos, familiares y colaboradores del titular de uno de los imperios económicos más grandes de Galicia. Se trataba de reconocer la trayectoria personal y laboral de un hombre que ha llevado el nombre de su municipio natal por toda la geografía gallega. Pero el propio carácter del homenajeado «trocó» los planes de la organización. Los halagos fueron todos a parar a la villa minera y sus gentes. «Un pueblo que ahora no ríe como antes pero que puede mirar con confianza hacia el futuro», aseguró el empresario.

15 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El campo de rugby en la zona del Canal Cuatro olía ayer a amistad. Hacia las dos de la tarde comenzaron a llegar los primeros asistentes a la comida en homenaje a Roberto Tojeiro. Entre los asistentes estaba el alcalde de As Pontes, Víctor Guerreiro, y los miembros de la corporación local. Del ejecutivo autonómico llegó Xosé Cuiña _Manuel Fraga envió un cariñoso telegrama disculpando su asistencia_ y como representante del Partido Popular estaba Romay Beccaría. Otras caras conocidas eran las de Pedro Sánchez Tamayo, hasta ahora responsable de la Demarcación de Carreteras, y el presidente de Cruz Roja, que asistió en calidad de amigo de la familia. El empresario pontés José Castro tomó la palabra después de los postres. A lo largo de su cariñosa intervención tuvo tiempo para recordar a los miembros de la familia Tojeiro ya desaparecidos, pero centró el discurso en el agradecimiento a un hombre que «da oportunidades á xente nova, crea iniciativas empresariais e asume tódolos retos que se lle plantexan». Concluyó con un emotivo: «Gracias, Roberto». Entonces se levantó el empresario. No quiso romper el protocolo y se apresuró a ponerse la chaqueta de la que antes se había despojado. De forma inmediata comenzó a elogiar a su villa natal, y lo hizo recordando cómo todo un pueblo se movilizó para ayudar a sofocar un incendio en el ultramarinos de su padre. Fue en los años sesenta y «los dos cines del pueblo se quedaron vacíos. Todos acudieron con sus trajes nuevos a apagar las llamas». Arengó a los asistentes elogiando las virtudes de la villa escenario de su homenaje. A juicio del empresario, los ponteses pueden presumir de ser un pueblo madrugador, honrado, amigo de sus amigos y muy agradecido. «¿No es para estar orgullosos? Yo creo rotundamente que sí», concluyó.